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viernes, 8 de noviembre de 2013

La piel de los lobos. Conclusión.

Una oveja entre lobos. Por Jremmers, de Deviantart
Como se suele decir en las tertulias: hoy vengo a hablar de mí libro. Durante el año (casi) que me habéis acompañado en el blog os he ido dando algunos detalles aislados, pero esta vez os daré la versión completa de en qué he estado trabajando todo este tiempo. Y para generar hype empecemos con una sinopsis:
Emily Shepherd es la hija de Jeremy “The Butcher” Shepherd, el asesino en serie más prolífico de la historia del pacífico estado de Iowa. Desde niña acompañó a su padre en sus cacerías y se acostumbró a vivir cerca de la muerte. Tras ser él detenido, el “hombre del pelo plateado” se acerca a ella con la promesa de asumir su cuidado y ofrecerle una vida cómoda. Lo que Emily ignora al aceptar su proposición es que deberá trabajar para Ovcharka, una organización secreta de asesinos. Allí la entrenan para matar de la forma más cruel y violenta a ciertos malhechores, con el fin de inspirar un temor disuasorio a través de sus castigos ejemplares. Todo cambia después de que Emily asesine de forma impulsiva a sus vecinos y huya con la hija de estos. Ante este comportamiento errático, sus superiores envían al asesino más famoso y con más talento de Ovcharka, para que le haga una evaluación y decida si sigue siendo apta para el trabajo. Emily intentará proteger a la niña a la vez que convence a su supervisor de que su voluntad y lealtad siguen siendo de acero.
Por Ralphslatton, de Deviantart
Esta es la premisa de la novela La piel de los lobos, enmarcada en el género juvenil (aunque bastante cercana al new adult). El estado actual de la misma es: inconcluso. Mi intención es terminarla para febrero de 2014 (que iluso) aunque desde YA ando en busca de editor y/o agente. Las intenciones con las que la estoy escribiendo no hace falta que me explaye repitiéndolas: como ya dije desde el inicio del blog creo en la posibilidad de una literatura juvenil de calidad, que alimente la imaginación y el amor por la lectura, en definitiva arte que genere arte.
Claro que, como bien me recordaron mis tutores al presentar el proyecto en septiembre, del dicho al hecho hay un trecho. Actualmente La piel de los lobos no es todo lo que me gustaría que fuera y me queda mucho trabajo por delante. Es una de esas situaciones en las que sabes a dónde quieres llegar pero no tener ni idea de cómo. Chocarse contra muros es algo que nos toca sufrir a todos, no una, sino muchas veces. Y es nuestra reacción tras el trancazo lo que nos define como profesionales y como personas.
Y hasta aquí hemos llegado, por ahora. Este blog cierra de forma definitiva, pero de cara a mi trayectoria en la red esto no es más que un hasta luego. No sé cuanto tardaré en volver. Ahora quiero concentrarme en acabar la novela y en buscar un nuevo concepto y formato para el próximo blog. Hasta que se den ambas condiciones…

Gracias a todos los que me habéis leído durante estos meses, en especial a los que habéis aguantado desde el principio hasta el final sin buscar refugio en los pirineos. Un fuerte abrazo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Memorias de Idhun. Los males de la LIJ contemporánea.

Como ya anuncié, esta va a ser una entrada un poco “dura”.  Anteriormente hablé de Dos velas para el diablo, otra novela de Laura Gallego, cuándo quería explicar el concepto de “mundo propio”. Esa obra me parece ahora un ejemplo mucho más acertado de la habilidad de la autora. Y es que cuenta con suficientes recursos técnicos para hacer que la narración sea fluida y enganche al lector. Es, en este sentido, razonablemente talentosa. Lo que hace aún más cuestionable algunas de sus decisiones en Memorias de Idhun.
Alguien en su defensa podría decir que se trata de una novela anterior a Dos velas para el diablo y que si esta última es mejor es porque la autora ha evolucionado. Desde luego, pero la habilidad narrativa es prácticamente la misma y sin embargo la pobre ejecución de Memorias de Idhun tiene poco que ver con dicho talento. Es un problema coyuntural, del género y de la industria de la LIJ. A continuación explico a qué me refiero con ello.
En cuanto al género tenemos en apariencia una novela de fantasía épica de estilo clásico. Sin embargo, a medida que avanza se convierte en un romance paranormal. Truco para diferenciar ambos géneros (que a veces son muy parecidos): si la historia principal se sostiene sin la relación entre los protagonistas, entonces no es romance paranormal. Y llega un punto de Memorias de Idhun (hacia el final del primer volumen) en que se produce dicho cambio de género. Como si Frodo se transformarse en Bella Swan a mitad de camino de Mordor. Este es un desatino de planificación típico de las primeras novelas de cualquier escritor (culpable!) y aunque excusable no hace la experiencia más agradable para el lector que se siente engañado.

Vamos a suponer que aceptamos esto y nos disponemos a leer Memorias de Idhun como un romance paranormal. ¿Con qué problema nos encontramos? Con que las fórmulas del género demandan el triángulo amoroso, es la moda, hay que hacerlo. Me parece perfecto, pero creo, amigos escritores y editores, que podemos hacerlo MUCHO mejor. Vamos a dejar de lado nuestra veta moralista y a callar todas las objeciones que tengamos sobre la posibilidad de “amar” a dos personas a la vez. Vamos mejor a meternos con la forma patética en la que se trata este conflicto en algunas novelas. Reprochemos en todo caso el estilo “mojabragas” de la narración y las situaciones enervantes en las que los protagonistas se enrollan primero con uno y luego, cinco minutos después, con otro y aun así se supone que debemos simpatizar con ellos. ¡Al carajo!
¿Y qué opinan de esto las editoriales? Pues no mucho, la verdad. No voy a ser yo quien haga una crítica acerca de lo superficial que es la industria, que permite cualquier cosa con tal de vender. Eso no lo leeréis de mí, porque sinceramente, yo también quiero vender. Pero escribo con el convencimiento de que esto no es incompatible con escribir bien, ya que hay muchísimos autores de LIJ que lo demuestran.
Sin embargo hay un reproche para los editores que no puedo contener. Y tiene que ver con mi concepción del mundo de la edición. Y es que no pueden limitarse a ser meros cazadores de talento, siempre en busca de la próxima formula que funcione. Tienen una responsabilidad como divulgadores de cultura (al igual que los autores) de trabajar sobre el objeto artístico que ofrecen al mundo. No puede ser que se dedique menos atención a la corrección de estilo de una novela juvenil porque ya se espera que la narración esté poco pulida y porque se piense que vaya a vender bien igual. Algún idiota incluso diría que vendería peor si estuviera mejor escrita. Queridos editores, si no tenéis ganas de gastaros las pelas en correctores de estilo, al menos sed sinceros con los autores: animadles a que contraten correctores freelancer. Muchos autores estarían dispuestos a pagarlo de su bolsillo si primero se les pusiera delante un contrato editorial. Y queridos autores de LIJ, no tengáis tanta confianza en que vuestro editor terminará de pulir la novela, porque actualmente, al menos en este género, eso NO pasa.

Para acabar quiero dejar claro que no he escogido Memorias de Idhun para hacer esta entrada porque me parezca la peor novela juvenil jamás escrita. Ni mucho menos. La escogí porque sé que hay buenas razones detrás de su éxito: el arduo trabajo de una autora que se esforzó durante años para crear un mundo de fantasía verosímil y carismático, con una historia clásica y arquetípica pero no por ello menos épica. La escogí porque me hizo sentir pena. Aun con tanto potencial, se queda reducida a otra novela mediocre. Contaminada por los males que afectan a tantas y tantas obras de su género.


Próximamente: Code Geass. Cae el telón. Penúltima entrada del blog y la dedicaré a una de las mejores series de animación jamás creadas.

jueves, 1 de agosto de 2013

Bakuman, la metaficción llega al manga.

Bakuman es una publicación a la que ya hice referencia al hablar de Death Note pues es de los mismos autores: Tsugumi Oba y Takeshi Obata. La historia gira en torno Moritaka Mashiro (dibujante) y Akito Takagi (escritor), dos jóvenes que quieren convertirse en mangakas. Desde que están en secundaria trabajan como si les fuera la vida en ello para sacar adelante su sueño. Se nos muestra paso a paso las fases del proceso que siguen cada vez que intentan crear una nueva obra: primero surge una idea, luego se hacen diseños de personajes, se pasa a los primeros bocetos, se enseñan estos al editor, se cambian o se preparan para serializar.
Con esta sinopsis creo que se entiende por qué me refiero a Bakuman como un manga metaficcional (así como otras veces he hablado del cuento metaliterario). Pero no todas las reflexiones que propone la serie están referidas únicamente al “arte”, sino también al “oficio”. Hay dos citas claves que me permiten encuadrar las dos más interesantes y explicar su relación con la literatura.

“Un manga sólo tiene que ser interesante. Si es interesante será serializado.”

Desgraciadamente esto la mayoría de ocasiones no es más que una frase bonita. En primer lugar, el concepto de interesante depende del lector. Crepusculo es interesante para cierto tipo de público y completamente insustancial para el resto de la humanidad. Del mismo modo Chet Baker piensa en su arte es un libro interesante para algunos e inaccesible para muchos otros. Sin embargo hay algo cierto detrás de esto: el potencial que muestra un autor a la hora de contarnos una historia, su voz. Se puede decir por tanto que un escritor tiene una voz “interesante” es más probable que sus libros sean publicados.

“Si todo el mundo se preocupa tanto de quedar bien en los cuestionarios, será el fin del manga.” 

Esto es una referencia a los cuestionarios de popularidad que utilizan algunas revistas como la Shonen Jump (dónde se publicaba Bakuman). Su aplicación a la literatura es obvia: es la preocupación constante de que la comercialización del arte acabe truncando la evolución del mismo. Como ya comenté en una entrada anterior no creo que sea el segmento de la alta literatura el que esté sufriendo un “estancamiento”, sino la propia literatura comercial. Muchos autores no hacen más que repetir las formulas que ya se han usado porque creen que son la única forma de conseguir un sitio en las estanterías de novedades. En este caso diría que la literatura juvenil puede correr el peligro de estancarse si los autores no superan su ansiedad por vender y ser populares. Por suerte siempre los hay que se atreven a innovar e inventar formulas nuevas.
No quisiera acabar sin antes recomendar FUERTEMENTE la lectura de esta fantástica serie. Al releerla recientemente me ha hecho recordar el momento en el que decido dar el giro de 180º en mi vida que me lleva a estar ahora luchando por salir adelante en el mundo literario. Bakuman no es sólo un manga metaficcional, también es una historia de superación que habla sobre el valor del esfuerzo y el trabajo duro y la importancia de perseguir los sueños aun a costa de jugarte la vida.

“Vas a acabar en un trabajo de oficina aburrido. ¿Es eso lo que quieres de la vida?”


Próxima entrada: Los Juegos del Hambre. Empezar por el final. Utilizando el best seller de Suzane Collins hablaré de la importancia de planear el mensaje que se quiere transmitir en una novela.

lunes, 22 de julio de 2013

1984. Universos distópicos para jóvenes y adultos.


Esta es una novela que me llevó a recibir más de un reproche al comentarla con algunos amigos que también la leyeron. Aunque es cierto que cómo lector la disfruté desde la primera palabra hasta el último punto del apéndice, como escritor su final me dejó sensaciones extrañas. A estas alturas comprendo que mi reacción vehemente de aquel entonces se debió sin duda a la confusión provocada por aquellas emociones de rechazo. En frío intentaré explicar mejor por qué 1984 me resulta tan querida como lector y tan lejana como escritor.
Para empezar rescatemos las primeras entradas, aquellas en las que se anunciaba que los contenidos girarían en torno a la literatura juvenil (hay que ver como he desvariado desde entonces). Este es el género al que como aspirante a escritor quiero dedicarme (mayormente). Los universos distópicos al estilo de 1984 están muy de moda (y rápidamente desgastándose) en estas publicaciones. Los juegos del hambre, Divergente, Corazón de fuego, Enlazados, Delirium, El corredor del laberinto y un largo etcétera. Y, sin embargo, más allá de los paralelismos y referencias evidentes, cualquier parecido de estas con 1984 es pura coincidencia. Y no hablo sólo de las diferencias entre la prosa adulta y la de la literatura juvenil, me refiero a que la distopía es conceptualmente diferente en estos géneros. Y de aquí surgía mi sensación agridulce al acabar la obra maestra de Orwell.
Y es que en 1984, el final despoja y ridiculiza el leitmotiv del protagonista, no hay resolución de conflictos ni catarsis, es una novela de aquellas que simplemente termina. Todo esto es impensable en la novela juvenil contemporánea (y digo contemporánea porque si dijera moderna tendría que incluir El Guardián entre el Centeno que es un caso completamente diferente). ¿Por qué? Laura Miller contesta a esto en un artículo para The New Yorker titulado “Infierno Fresco: Qué hay detrás del boom de la ficción distópica para lectores jóvenes.” Os lo resumo: 1, no tiene el carácter didáctico y social de su hermana mayor, se centra en las aventuras del protagonista y 2, su estructura es arquetípica, no racional. ¿Qué significa esto?
Lo último es sencillo. El esquema racional se basa en establecer un universo distópico sólido y sin fisuras, tan poderoso que terminará aplastando a quién intente desmontarlo (lo que facilita la aplastante derrota que debe sufrir el protagonista). El esquema arquetípico se basa en la mitología, en elevar al protagonista al nivel de héroe. Se convierte así a Katniss Everdeen en una de suerte Prometeo moderno.
Pero la diferencia fundamental está en el primer punto. Mientras que Orwell intentaba avisarnos de la catástrofe que estaba por llegar, Suzane Collins recrea en su ficción la experiencia que puede tener cualquier adolescente sobre los peligros y angustias ya existentes en nuestro mundo. El género adulto usa la humillante derrota de su héroe (que suele ser patético) para advertirnos que si no cambiamos nuestro deplorable comportamiento la tierra se abrirá bajo nuestros pies y el infierno nos tragará. Su contraparte juvenil opta por la vía del optimismo (no suena muy sensato machacar las esperanzas de un adolescente, ¿verdad qué no?) y se centra en la percepción que tenemos del estado actual de las cosas, en la actitud del adolescente que debe adaptarse a un mundo que hereda en decadencia y con la perspectiva de un futuro negro: jerarquías, crisis, desempleo, etc. Su mensaje es que tal vez el apocalipsis no sea tan terrible si desde las cenizas puede resurgir el fuego del cambio.

Próxima entrada: Bakuman, la metaficción también llega al manga. Revisión de esta curiosa serie que narra como pocas obras el proceso creativo y las alegrías y penas de escritores y dibujantes.

viernes, 3 de mayo de 2013

El Fanfiction. Los escritores no profesionales (2ª parte).


El Fanfiction puede ser una herramienta de gran utilidad para los interesados en iniciarse en el mundo de la escritura. En el Máster de Creación Literaria discutimos sobre la importancia que tiene trabajar lo que llamamos la tradición propia. Es decir, las obras y autores que nos han influido, nuestros referentes. Hay muchas formas de hacerlo: la traducción, el homenaje (de muchos tipos), las referencias cruzadas. El Fanfic es el que llevo más tiempo usando (y sin saberlo al principio). Cuando miro retrospectivamente los trabajos de este tipo que he hecho hasta puedo sacar conclusiones: sobre el tipo de literatura que quiero hacer, lo temas que me interesan e incluso algunos malos vicios que la práctica ha de ayudar a corregir.
También insinué en la primera parte de la entrada que el Fanfic no siempre está bien visto. Siendo claros, es un género que no cuenta con un soporte legal, las obras no están protegidas y tampoco se les debería acusar de ser plagios. En su defensa he de decir que el Fanfic no engaña, el que llega a él sabe lo que va a encontrarse. No se distribuye con ánimo de lucro y no pretende suplantar ni aprovecharse del trabajo original de los autores. Como explicaba antes, puede ser incluso un homenaje. Claro que no todos los escritores que ven a sus lectores escribiendo Fanfiction sobre su obra se lo toman igual de bien. Ejemplo de ello son algunas de las acciones legales que emprendió J.K. Rowling contra algunos de sus fans. (Dejo de lado el caso Lexicón, ya que no era un Fanfic sino un libro a punto de ser publicado)
Y para acabar un pequeño ejemplo de Fanfiction hecho por mí (que hasta ahora sólo he compartido literatura de No Ficción). Es un cuento corto, algo poco habitual en mí, que se me alargan las historias hasta convertirse en novelas. Con motivo de un ejercicio para el Máster en Creación Literaria se nos pidió que reescribiéramos un “mito de origen”. Podía ser del cosmos, de algún personaje, de la civilización humana, etc. Yo escogí basarme en el universo que crea Laura Gallego en Dos Velas para el Diablo y usé su mitología para contar los orígenes de nuestra especie. Así nació Ángeles, Demonios y Australopithecus.

Próximamente: Mass Effect. No desviarse del camino, o sí. Será la primera entrada sobre un videojuego y la aprovecharé para comentar algunas conclusiones que se extrapolan a los libros sobre la regularidad de una saga. 

lunes, 29 de abril de 2013

El Fanfiction. Los escritores no profesionales.


Podríamos traducir literalmente el término Fanfiction (abreviado Fanfic) como “ficción de fans” y no iríamos desencaminados. Se trata de trabajos escritos hechos por fans de un libro, película, manga, videojuego, serie de televisión u otro elemento de la ficción narrativa (aunque aun no me he topado con ninguno basado en Gran Hermano, pero puede que lo haya). Esto quiere decir que los seguidores de determinada ficción recrean los personajes, situaciones e historias originales dándoles un nuevo giro, contando sus propias historias. Hay que remarcar lo de que son trabajos ESCRITOS, ya que existen otras formas en las que los fans crean ficción a partir de la ficción, como son el fanart, el fanfilm, las webseries y el dôjinshi. El Fanfic y sus hermanos a menudo son objeto de desprecio principalmente por dos razones: se cuestiona su calidad (con razón, ya que son trabajo de aficionados y no es fácil encontrar material de calidad) y se mira con mal ojo lo que parece un plagio. Esto último es el argumento de: ¿por qué voy a leer esto si está basado en otra cosa? Lo cual se desmonta fácilmente si te interesa el tema que trata tanto la historia original como el fanfiction.
El Fanfic puede tener origen la mente aislada de una obsesa con Crepúsculo que decide reescribir la historia para incluir las escenas de sexo que la autora mormona no se atrevió a poner en el original. En mi opinión se inicia en el Fandom, concepto que se refiere a la comunidad virtual de fans. Creo que la proliferación del Fanfic se debe precisamente a esta comunidad en torno a la cual se reúnen los seguidores de determinada obra. Allí comparte impresiones y surge inevitablemente la cuestión del ¿qué pasaría si…? o ¿te imaginas qué tal personaje hubiera…? Y de ahí a que alguien reescriba la historia o invente una nueva hay un paso.
Eso es lo que ocurrió en mi caso. Como expliqué en la entrada que dediqué a Harry Potter, fue esta la obra que me llevó al Fandom. Muchos Fanfic se distribuyen a través de blogs, pero la plataforma más masiva y conocida es, sin duda, www.fanfiction.net. Aunque hay más, no fue allí donde leí mis primeros Fanfics, pero si es la que más he utilizado. Fue allí donde me conmocionó el valor que tiene el universo que queda detrás de una obra de ficción cuando el autor deja de desarrollarla. Eso no es el fin, la ficción continúa en las mentes huérfanas de los fans. Claro que no todos las obras tienen este impacto, sólo las que aglutinan tras de sí un número lo suficientemente grande de seguidores. Por esto hacía hincapié antes en el peso que tiene la comunidad, ya que parece ser muy influyente en la decisión que toma el fan: limita su imaginación al plano personal o lo canaliza hacia el exterior y lo comparte con su grupo de referencia.

Próximamente: El Fanfiction. Los escritores no profesionales (2ª parte).

viernes, 19 de abril de 2013

Dos velas para el diablo. La creación del universo propio.

Dos velas para el diablo es una novela publicada por SM en 2008, su autora, Laura Gallego es uno de los referentes en el género de la novela juvenil de fantasía en España. No es muy ejemplar en lo que a prosa se refiere, es demasiado emotiva y poco distanciada de la narración para mi gusto. Sin embargo, no hay demasiados autores que puedan competir con su desbordante imaginación y su capacidad para crear nuevos universos (una media de dos por año).


¿Y qué es exactamente el universo propio del autor? Es aquel espacio literario en el que se desarrolla la obra del escrito. No hace referencia sólo a la localización, también a la época y al contexto, al conjunto de reglas que vertebran la narración. Espero que con esta definición quede clara la estrecha relación que hay entre la creación del mundo literario y la verosimilitud, que es el conjunto de reglas que dotan de coherencia interna a la historia.
El proceso de construcción de este universo es diferente según el autor. Aquellos que optan por el realismo muchas veces se basan en ambientes que les son familiares, como Carmen Laforet y otros autores de la postguerra en España. En estos casos es habitual que dicho espacio, que ha sido relevante en la vida del escritor, esté presente en toda o en la mayor parte de la obra. En cambio los escritores de fantasía o de ciencia ficción en lugar de recrear lugares conocidos crean nuevos universos. A veces es de forma sutil, rompiendo un par de reglas de nuestro mundo para transformarlo. En otras ocasiones el autor realmente nos desplaza a otro universo. Un buen ejemplo sería de nuevo Laura Gallego en Memorias de Idhun. Para este segundo grupo de escritores no es tan habitual centrar toda su obra en un mismo espacio, sino que suelen crear nuevos mundos para cada una de sus historias.
Tal vez alguien se pregunte por qué no escogí como ejemplo central Memorias de Idhun, que es la saga más exitosa de Laura Gallego. Si bien Idhun es un mundo extenso y muy rico, el universo que crea la autora en Dos velas para el Diablo me parece más verosímil, mejor construido. Y sobretodo más concentrado, sin necesidad de una trilogía de quinientas páginas por volumen para llegar a conocer lo suficiente. Además de que como novela es bastante mejor. (Hay otra razón por la que escogí Dos velas para el diablo pero ya hablaré de eso en la siguiente entrada)
En definitiva, la creación del mundo propio (o mundos) es vital para el escritor. Ya sea el universo en el que van a flotar tus próximas veinte novelas o el primer universo de los veinte que te quedan por crear. Sin un trabajo duro y a consciencia en su construcción en él, cualquier historia que se inserte en él tendrá problemas de ambientación y verosimilitud. Además, considero que una vez que el lector llega al final del libro, este mundo en el que el autor ha plasmado un imaginario y una simbología es el que les mantiene atados, en ese nexo indisoluble que sólo la literatura puede conseguir.

Próxima entrada: Fanfiction. Los escritores no profesionales. El siguiente tema que ya he insinuado en ocasiones anteriores es el fanfiction, el género con el que descubrí el placer de escribir.

jueves, 11 de abril de 2013

Escribir con música. ¿Sí, no, depende?


Antes que nada debería aclarar que cuando hablo de escribir con música me voy a referir a dos procesos diferentes: uno es el trabajo “escribir propiamente dicho y otro es la fase de preparación. El papel que juega la música es diferente en cada uno.
En el primero hay que tener en cuenta que nuestro cerebro ha de estar más orientado a dejar salir la información que a permitir nuevas entradas. Por tanto es delicado el uso de acompañamiento musical en estos momentos. Es desaconsejable el uso de piezas musicales que absorban nuestra atención por su complejidad o por su novedad. Sin embargo, dependiendo de lo que estemos escribiendo, hay canciones que pueden tener el efecto contrario y ayudarnos a entrar en situación. Por ejemplo, si estás escribiendo una novela de terror y misterio quizás te ayude a concentrarte en las sensaciones que quieres transmitir el escuchar temas como este:


En el segundo proceso su papel es mucho más importante a mi entender, ya que no es un mero acompañamiento. Pocas cosas disparan más la imaginación que la música. Después de todo también es una forma narrativa, las canciones nos cuentan historias, que al entrelazarse con aquellas que ya tenemos en nuestra cabeza pueden dar lugar a algo completamente nuevo. Un ejemplo de la capacidad que tiene la música para crear nuevas historias son los AMV (anime music video), creados combinando clips de video con música y dando origen a una historia que puede ser diferente del guión original de la serie.

En esta fase la música también destaca por su utilidad como elemento de caracterización de los personajes. ¿Qué música le gusta al protagonista? ¿Cuál no soporta? ¿Cuál es su canción favorita? ¿Cuál suena en tu cabeza cuando piensas en él? Pensar en las tres primeras preguntas ayuda a definir la personalidad y el carácter, mientras que la última te hace reflexionar en las sensaciones que quieres que transmita el personaje en cuestión, su aura. Por ejemplo, el antagonista de la novela en la que trabajo, un psicópata de libro con un toque tragicómico, esta es la canción que suena en mi cabeza cuando pienso en él:

Próximamente: Dos velas para el diablo. La creación del universo propio. En la siguiente entrada hablaré sobre uno de los mejores libros de Laura García Gallego. La autora es un referente en lo que se refiere a crear nuevos mundos literarios. 

jueves, 14 de marzo de 2013

Harry Potter. El año en que nací sin saberlo.


En el Máster en Creación Literaria me encargaron hace unos meses un ejercicio sobre el libro o autor que más me había influido o que más me había gustado. La siguiente entrada está basada en la solución que intenté darle al problema que esto me supuso.
La elección de Harry Potter es difícil de justificar por los criterios que pedía el propio ejercicio. No son los libros que más me han gustado (aunque me han encantado) ni los que más han influido en mi estilo o mi forma de ver la literatura. Es cierto que como escritor que quiere dedicarse a la literatura juvenil, no puedo sino ver a Rowling como una autora paradigmática en el género. Desde este punto de vista, para mí es más que una saga de novelas, es un manual. Empezando por la selección de los arquetipos y su caracterización, pasando por la lenta elevación de la tensión narrativa en cada libro y llegando hasta el bien logrado encaje entre los diferentes niveles de la historia. Y aun así todo esto no tiene nada que ver con la razón por la que los marqué como los libros más importantes para mí hasta la fecha.
Los escogí porque supusieron un punto de inflexión, cambiaron el curso de una parte importante de mi historia personal. Mi experiencia como lector y escritor no se puede entender sin considerar al joven mago como un acompañante de viaje. A los catorce años sufrí el trauma de leer durante un mismo curso escolar Nada, de Carmen Laforet y Los Pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán (releída años después Nada me parece una novela excelente por cierto). Contemplé entonces como el amor por la lectura que aun sentían algunos de mis compañeros y yo era mutilado sin piedad. Y es que hay lecturas que no son para el adolescente medio de este país. No volví a leer nada hasta unos cuantos meses después de aquello. La idea de escribir, que era una actividad entonces limitada a algún cuento aislado de vez en cuando, también se esfumó. Hasta que salió el siguiente libro de la saga y la llama del amor volvió a encenderse.
Claro que por aquel entonces yo no sabía que quería ser escritor. Visto con perspectiva, ahora entiendo qué la decisión de escribir un tipo de literatura que fomente la afición por la lectura en los jóvenes vino de entonces. No sólo porque me devolvió las ganas de leer, sino porque me introdujo en el mundo de la fanfiction, dónde desarrollé mis primeros relatos de estructura novelesca. Aunque en la actualidad trabajo en diferentes tipos de proyectos de corte juvenil no necesariamente fantástico, siempre vuelvo al elemento de origen: la creación de un universo sin fin, que desborde la historia y le deje espacio al lector para crear la suya. Ya volveré al tema del fandom más adelante.

Para cuando terminé Las Reliquias de la Muerte, todas las piezas de la historia del mago encajaron. De forma simultánea tome consciencia de una embrionaria carrera. El cierre de la saga, que a nivel estructural no acaba de estar a la altura de las otras novelas por su apresurado ritmo, fue el último empujón. Al final, el mago se queda solo. Siempre ayudado por alguien, le llega entonces el momento de dar el último paso, de dejar de esperar a que ocurra un milagro. Aunque dicho milagro finalmente ocurre, el mensaje que me queda al acabar la saga es precisamente el de lanzarme al vacío sin ataduras. Es en ese momento cuando dejo de ver la escritura como un hobbie y el “ojalá algún día publique algo”, se convierte en “tengo que trabajar para sacar esto adelante”.

Próximamente: Everybody dies. Los detectives clásicos también. Vuelta a las series de televisión con el Dr. House y una reflexión sobre el declive de este arquetipo en la pequeña pantalla.

lunes, 17 de diciembre de 2012

Un mapa hecho pedazos


Abres el libro por primera vez.
Imagina que te está contando la historia de un joven que, en sueños, ve el cofre de un tesoro. A partir de entonces su vida se convierte en la búsqueda de los trozos del mapa que señala su ubicación. Es imposible llegar hasta ellos sin ayuda de sus compañeros de viaje. Cada fragmento se encuentra en un lugar recóndito, es un acertijo incomprensible y además está custodiado por un guardián armado hasta los dientes. Parece una premisa aceptable para una novela de aventuras.
Imagina ahora que en lugar de un cofre sueña con la portada de un libro. En ella aparece su nombre. Los trozos del mapa son en realidad la fórmula para escribir una novela. Los guardianes a los que se enfrenta y los compañeros de viaje son una condición indispensable. Sin ellos es imposible adquirir la experiencia requerida para descifrar esos crípticos fragmentos. Ahora se parece un poco más a mi historia.

Soy otro de tantos aspirantes a escritor. Aunque he finalizado alguna que otra novela antes, aun padezco el síndrome de no-se-me-quitan-las-ganas-de-publicar. Concretamente quiero dedicarme a la novela juvenil (un agradecido saludo a todos los que aguantaban y ahora han salido corriendo en dirección a la frontera). ¿Por qué escribo? ¿Para quién? ¿Por qué este género? ¿Qué temas me interesan? ¿Cuál es mi estilo? ¿Y mis influencias? Este blog es un espacio para narrar mi intento de contestar a estas preguntas.
¿Quiero decir que va a ser un blog exclusivamente sobre literatura? Desde luego que no. Habrá contenidos relacionados con música, cine, videojuegos, pintura, comics y, cómo no, literatura (juvenil y para otros rangos demográficos). Ahora que sólo quedamos tú y yo (los demás ya están cruzando los pirineos), te digo sinceramente: es un espacio para hablar de las cosas que me apasionan.

Próximamente: “Teleshakespeare. Cuándo entendí que era la literatura expandida.” En la siguiente entrada explicaré como se articularán los contenidos del blog y en que clave se deberían leer. Como excusa utilizaré el ensayo de Jordi Carrión sobre series de televisión.