Mostrando entradas con la etiqueta literatura juvenil. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta literatura juvenil. Mostrar todas las entradas

viernes, 8 de noviembre de 2013

La piel de los lobos. Conclusión.

Una oveja entre lobos. Por Jremmers, de Deviantart
Como se suele decir en las tertulias: hoy vengo a hablar de mí libro. Durante el año (casi) que me habéis acompañado en el blog os he ido dando algunos detalles aislados, pero esta vez os daré la versión completa de en qué he estado trabajando todo este tiempo. Y para generar hype empecemos con una sinopsis:
Emily Shepherd es la hija de Jeremy “The Butcher” Shepherd, el asesino en serie más prolífico de la historia del pacífico estado de Iowa. Desde niña acompañó a su padre en sus cacerías y se acostumbró a vivir cerca de la muerte. Tras ser él detenido, el “hombre del pelo plateado” se acerca a ella con la promesa de asumir su cuidado y ofrecerle una vida cómoda. Lo que Emily ignora al aceptar su proposición es que deberá trabajar para Ovcharka, una organización secreta de asesinos. Allí la entrenan para matar de la forma más cruel y violenta a ciertos malhechores, con el fin de inspirar un temor disuasorio a través de sus castigos ejemplares. Todo cambia después de que Emily asesine de forma impulsiva a sus vecinos y huya con la hija de estos. Ante este comportamiento errático, sus superiores envían al asesino más famoso y con más talento de Ovcharka, para que le haga una evaluación y decida si sigue siendo apta para el trabajo. Emily intentará proteger a la niña a la vez que convence a su supervisor de que su voluntad y lealtad siguen siendo de acero.
Por Ralphslatton, de Deviantart
Esta es la premisa de la novela La piel de los lobos, enmarcada en el género juvenil (aunque bastante cercana al new adult). El estado actual de la misma es: inconcluso. Mi intención es terminarla para febrero de 2014 (que iluso) aunque desde YA ando en busca de editor y/o agente. Las intenciones con las que la estoy escribiendo no hace falta que me explaye repitiéndolas: como ya dije desde el inicio del blog creo en la posibilidad de una literatura juvenil de calidad, que alimente la imaginación y el amor por la lectura, en definitiva arte que genere arte.
Claro que, como bien me recordaron mis tutores al presentar el proyecto en septiembre, del dicho al hecho hay un trecho. Actualmente La piel de los lobos no es todo lo que me gustaría que fuera y me queda mucho trabajo por delante. Es una de esas situaciones en las que sabes a dónde quieres llegar pero no tener ni idea de cómo. Chocarse contra muros es algo que nos toca sufrir a todos, no una, sino muchas veces. Y es nuestra reacción tras el trancazo lo que nos define como profesionales y como personas.
Y hasta aquí hemos llegado, por ahora. Este blog cierra de forma definitiva, pero de cara a mi trayectoria en la red esto no es más que un hasta luego. No sé cuanto tardaré en volver. Ahora quiero concentrarme en acabar la novela y en buscar un nuevo concepto y formato para el próximo blog. Hasta que se den ambas condiciones…

Gracias a todos los que me habéis leído durante estos meses, en especial a los que habéis aguantado desde el principio hasta el final sin buscar refugio en los pirineos. Un fuerte abrazo.

lunes, 7 de octubre de 2013

Memorias de Idhun. Los males de la LIJ contemporánea.

Como ya anuncié, esta va a ser una entrada un poco “dura”.  Anteriormente hablé de Dos velas para el diablo, otra novela de Laura Gallego, cuándo quería explicar el concepto de “mundo propio”. Esa obra me parece ahora un ejemplo mucho más acertado de la habilidad de la autora. Y es que cuenta con suficientes recursos técnicos para hacer que la narración sea fluida y enganche al lector. Es, en este sentido, razonablemente talentosa. Lo que hace aún más cuestionable algunas de sus decisiones en Memorias de Idhun.
Alguien en su defensa podría decir que se trata de una novela anterior a Dos velas para el diablo y que si esta última es mejor es porque la autora ha evolucionado. Desde luego, pero la habilidad narrativa es prácticamente la misma y sin embargo la pobre ejecución de Memorias de Idhun tiene poco que ver con dicho talento. Es un problema coyuntural, del género y de la industria de la LIJ. A continuación explico a qué me refiero con ello.
En cuanto al género tenemos en apariencia una novela de fantasía épica de estilo clásico. Sin embargo, a medida que avanza se convierte en un romance paranormal. Truco para diferenciar ambos géneros (que a veces son muy parecidos): si la historia principal se sostiene sin la relación entre los protagonistas, entonces no es romance paranormal. Y llega un punto de Memorias de Idhun (hacia el final del primer volumen) en que se produce dicho cambio de género. Como si Frodo se transformarse en Bella Swan a mitad de camino de Mordor. Este es un desatino de planificación típico de las primeras novelas de cualquier escritor (culpable!) y aunque excusable no hace la experiencia más agradable para el lector que se siente engañado.

Vamos a suponer que aceptamos esto y nos disponemos a leer Memorias de Idhun como un romance paranormal. ¿Con qué problema nos encontramos? Con que las fórmulas del género demandan el triángulo amoroso, es la moda, hay que hacerlo. Me parece perfecto, pero creo, amigos escritores y editores, que podemos hacerlo MUCHO mejor. Vamos a dejar de lado nuestra veta moralista y a callar todas las objeciones que tengamos sobre la posibilidad de “amar” a dos personas a la vez. Vamos mejor a meternos con la forma patética en la que se trata este conflicto en algunas novelas. Reprochemos en todo caso el estilo “mojabragas” de la narración y las situaciones enervantes en las que los protagonistas se enrollan primero con uno y luego, cinco minutos después, con otro y aun así se supone que debemos simpatizar con ellos. ¡Al carajo!
¿Y qué opinan de esto las editoriales? Pues no mucho, la verdad. No voy a ser yo quien haga una crítica acerca de lo superficial que es la industria, que permite cualquier cosa con tal de vender. Eso no lo leeréis de mí, porque sinceramente, yo también quiero vender. Pero escribo con el convencimiento de que esto no es incompatible con escribir bien, ya que hay muchísimos autores de LIJ que lo demuestran.
Sin embargo hay un reproche para los editores que no puedo contener. Y tiene que ver con mi concepción del mundo de la edición. Y es que no pueden limitarse a ser meros cazadores de talento, siempre en busca de la próxima formula que funcione. Tienen una responsabilidad como divulgadores de cultura (al igual que los autores) de trabajar sobre el objeto artístico que ofrecen al mundo. No puede ser que se dedique menos atención a la corrección de estilo de una novela juvenil porque ya se espera que la narración esté poco pulida y porque se piense que vaya a vender bien igual. Algún idiota incluso diría que vendería peor si estuviera mejor escrita. Queridos editores, si no tenéis ganas de gastaros las pelas en correctores de estilo, al menos sed sinceros con los autores: animadles a que contraten correctores freelancer. Muchos autores estarían dispuestos a pagarlo de su bolsillo si primero se les pusiera delante un contrato editorial. Y queridos autores de LIJ, no tengáis tanta confianza en que vuestro editor terminará de pulir la novela, porque actualmente, al menos en este género, eso NO pasa.

Para acabar quiero dejar claro que no he escogido Memorias de Idhun para hacer esta entrada porque me parezca la peor novela juvenil jamás escrita. Ni mucho menos. La escogí porque sé que hay buenas razones detrás de su éxito: el arduo trabajo de una autora que se esforzó durante años para crear un mundo de fantasía verosímil y carismático, con una historia clásica y arquetípica pero no por ello menos épica. La escogí porque me hizo sentir pena. Aun con tanto potencial, se queda reducida a otra novela mediocre. Contaminada por los males que afectan a tantas y tantas obras de su género.


Próximamente: Code Geass. Cae el telón. Penúltima entrada del blog y la dedicaré a una de las mejores series de animación jamás creadas.

martes, 20 de agosto de 2013

Los juegos del hambre. Empezar por el final.


La trilogía de Suzane Collins es uno de los pocos ejemplos que puedo encontrar hoy en día de libros de este género que me hagan pensar desde el principio que el autor está intentando decirme algo. Algo muy importante en este caso. Muchas novelas juveniles empiezan sin que el propio escritor sepa exactamente porque la está escribiendo, más allá que por entretenimiento o por el dinero. Que no es que me parezcan malos motivos (yo mismo empecé a escribir por pura autosatisfacción), es sólo que dan lugar a resultados poco pulidos. Cuando el autor sabe que quiere decir algo, pero no es consciente del qué, el lector lo nota. En Los juegos del hambre esto no pasa, desde el principio tienes una sensación clara de que alguien está intentando avisarte de algo. Claro que el lector no lo verá hasta el final de Sinsajo, que cierra la trilogía.
¿Quiero decir con esto que el autor tiene que saber el final antes de empezar a escribir? No. El final es donde se suele revelar el sentido de la obra, pero también forma parte de los problemas de la misma que el escritor debe resolver. Lo que sí que está obligado a saber es qué es lo que le mueve a narrar esa historia. Detrás de cada libro hay una visión del mundo, una manera de entender el amor, la guerra, la muerte, la amistad, la traición, etc. Así, en Sinsajo se hace patente que Suzane Collins intentaba decirnos desde hacía muchas páginas que, desgraciadamente, el amor a veces sólo puede ser un bálsamo, no una fuerza imparable que lo vence todo. Que hay experiencias que te cambian para siempre, que puedes seguir adelante, pero no siendo tú mismo, que el concepto de pasar página está muy mal definido.
Los tres libros de la saga están orientados a mostrarnos esto y poco a poco el mensaje se va haciendo más claro hasta que se convierte en un presagio de su amargo final. Todo apunta hacia ello: desde la cruda y tenebrosa ambientación, pasando por las continuas referencias y semejanzas con las distopías adultas, hasta la forma en que la lucha por la supervivencia siempre se impone incluso en las páginas más llenas de almidón romántico.
Es precisamente este último punto el que resulta más determinante para que la autora consiga su objetivo. Las relaciones amorosas de entre los personajes aparecen siempre enturbiadas por Los Juegos del Hambre (o la guerra en el último libro). De modo que se presentan como un elemento incapaz de ocupar un centro en la vida de los protagonistas, porque hay cosas más importantes de las que encargarse. Este es un tratamiento poco habitual en la literatura juvenil y que es uno de los grandes aciertos de la saga. De este modo la autora transmite no sólo al final sino durante el recorrido también una visión de la violencia y la destrucción como una fuerza opuesta al amor, pero no inferior a este en intensidad y poder de transformación de las personas. Presenta un equilibrio, no una anulación: Omnia vincit amor. ¡NO!


Próximamente: Psyren. Llamada perdida. Un análisis de este espectacular manga que pudo haberse convertido en uno de los grandes pero se cayó por el camino.

lunes, 22 de julio de 2013

1984. Universos distópicos para jóvenes y adultos.


Esta es una novela que me llevó a recibir más de un reproche al comentarla con algunos amigos que también la leyeron. Aunque es cierto que cómo lector la disfruté desde la primera palabra hasta el último punto del apéndice, como escritor su final me dejó sensaciones extrañas. A estas alturas comprendo que mi reacción vehemente de aquel entonces se debió sin duda a la confusión provocada por aquellas emociones de rechazo. En frío intentaré explicar mejor por qué 1984 me resulta tan querida como lector y tan lejana como escritor.
Para empezar rescatemos las primeras entradas, aquellas en las que se anunciaba que los contenidos girarían en torno a la literatura juvenil (hay que ver como he desvariado desde entonces). Este es el género al que como aspirante a escritor quiero dedicarme (mayormente). Los universos distópicos al estilo de 1984 están muy de moda (y rápidamente desgastándose) en estas publicaciones. Los juegos del hambre, Divergente, Corazón de fuego, Enlazados, Delirium, El corredor del laberinto y un largo etcétera. Y, sin embargo, más allá de los paralelismos y referencias evidentes, cualquier parecido de estas con 1984 es pura coincidencia. Y no hablo sólo de las diferencias entre la prosa adulta y la de la literatura juvenil, me refiero a que la distopía es conceptualmente diferente en estos géneros. Y de aquí surgía mi sensación agridulce al acabar la obra maestra de Orwell.
Y es que en 1984, el final despoja y ridiculiza el leitmotiv del protagonista, no hay resolución de conflictos ni catarsis, es una novela de aquellas que simplemente termina. Todo esto es impensable en la novela juvenil contemporánea (y digo contemporánea porque si dijera moderna tendría que incluir El Guardián entre el Centeno que es un caso completamente diferente). ¿Por qué? Laura Miller contesta a esto en un artículo para The New Yorker titulado “Infierno Fresco: Qué hay detrás del boom de la ficción distópica para lectores jóvenes.” Os lo resumo: 1, no tiene el carácter didáctico y social de su hermana mayor, se centra en las aventuras del protagonista y 2, su estructura es arquetípica, no racional. ¿Qué significa esto?
Lo último es sencillo. El esquema racional se basa en establecer un universo distópico sólido y sin fisuras, tan poderoso que terminará aplastando a quién intente desmontarlo (lo que facilita la aplastante derrota que debe sufrir el protagonista). El esquema arquetípico se basa en la mitología, en elevar al protagonista al nivel de héroe. Se convierte así a Katniss Everdeen en una de suerte Prometeo moderno.
Pero la diferencia fundamental está en el primer punto. Mientras que Orwell intentaba avisarnos de la catástrofe que estaba por llegar, Suzane Collins recrea en su ficción la experiencia que puede tener cualquier adolescente sobre los peligros y angustias ya existentes en nuestro mundo. El género adulto usa la humillante derrota de su héroe (que suele ser patético) para advertirnos que si no cambiamos nuestro deplorable comportamiento la tierra se abrirá bajo nuestros pies y el infierno nos tragará. Su contraparte juvenil opta por la vía del optimismo (no suena muy sensato machacar las esperanzas de un adolescente, ¿verdad qué no?) y se centra en la percepción que tenemos del estado actual de las cosas, en la actitud del adolescente que debe adaptarse a un mundo que hereda en decadencia y con la perspectiva de un futuro negro: jerarquías, crisis, desempleo, etc. Su mensaje es que tal vez el apocalipsis no sea tan terrible si desde las cenizas puede resurgir el fuego del cambio.

Próxima entrada: Bakuman, la metaficción también llega al manga. Revisión de esta curiosa serie que narra como pocas obras el proceso creativo y las alegrías y penas de escritores y dibujantes.

viernes, 19 de abril de 2013

Dos velas para el diablo. La creación del universo propio.

Dos velas para el diablo es una novela publicada por SM en 2008, su autora, Laura Gallego es uno de los referentes en el género de la novela juvenil de fantasía en España. No es muy ejemplar en lo que a prosa se refiere, es demasiado emotiva y poco distanciada de la narración para mi gusto. Sin embargo, no hay demasiados autores que puedan competir con su desbordante imaginación y su capacidad para crear nuevos universos (una media de dos por año).


¿Y qué es exactamente el universo propio del autor? Es aquel espacio literario en el que se desarrolla la obra del escrito. No hace referencia sólo a la localización, también a la época y al contexto, al conjunto de reglas que vertebran la narración. Espero que con esta definición quede clara la estrecha relación que hay entre la creación del mundo literario y la verosimilitud, que es el conjunto de reglas que dotan de coherencia interna a la historia.
El proceso de construcción de este universo es diferente según el autor. Aquellos que optan por el realismo muchas veces se basan en ambientes que les son familiares, como Carmen Laforet y otros autores de la postguerra en España. En estos casos es habitual que dicho espacio, que ha sido relevante en la vida del escritor, esté presente en toda o en la mayor parte de la obra. En cambio los escritores de fantasía o de ciencia ficción en lugar de recrear lugares conocidos crean nuevos universos. A veces es de forma sutil, rompiendo un par de reglas de nuestro mundo para transformarlo. En otras ocasiones el autor realmente nos desplaza a otro universo. Un buen ejemplo sería de nuevo Laura Gallego en Memorias de Idhun. Para este segundo grupo de escritores no es tan habitual centrar toda su obra en un mismo espacio, sino que suelen crear nuevos mundos para cada una de sus historias.
Tal vez alguien se pregunte por qué no escogí como ejemplo central Memorias de Idhun, que es la saga más exitosa de Laura Gallego. Si bien Idhun es un mundo extenso y muy rico, el universo que crea la autora en Dos velas para el Diablo me parece más verosímil, mejor construido. Y sobretodo más concentrado, sin necesidad de una trilogía de quinientas páginas por volumen para llegar a conocer lo suficiente. Además de que como novela es bastante mejor. (Hay otra razón por la que escogí Dos velas para el diablo pero ya hablaré de eso en la siguiente entrada)
En definitiva, la creación del mundo propio (o mundos) es vital para el escritor. Ya sea el universo en el que van a flotar tus próximas veinte novelas o el primer universo de los veinte que te quedan por crear. Sin un trabajo duro y a consciencia en su construcción en él, cualquier historia que se inserte en él tendrá problemas de ambientación y verosimilitud. Además, considero que una vez que el lector llega al final del libro, este mundo en el que el autor ha plasmado un imaginario y una simbología es el que les mantiene atados, en ese nexo indisoluble que sólo la literatura puede conseguir.

Próxima entrada: Fanfiction. Los escritores no profesionales. El siguiente tema que ya he insinuado en ocasiones anteriores es el fanfiction, el género con el que descubrí el placer de escribir.

jueves, 14 de marzo de 2013

Harry Potter. El año en que nací sin saberlo.


En el Máster en Creación Literaria me encargaron hace unos meses un ejercicio sobre el libro o autor que más me había influido o que más me había gustado. La siguiente entrada está basada en la solución que intenté darle al problema que esto me supuso.
La elección de Harry Potter es difícil de justificar por los criterios que pedía el propio ejercicio. No son los libros que más me han gustado (aunque me han encantado) ni los que más han influido en mi estilo o mi forma de ver la literatura. Es cierto que como escritor que quiere dedicarse a la literatura juvenil, no puedo sino ver a Rowling como una autora paradigmática en el género. Desde este punto de vista, para mí es más que una saga de novelas, es un manual. Empezando por la selección de los arquetipos y su caracterización, pasando por la lenta elevación de la tensión narrativa en cada libro y llegando hasta el bien logrado encaje entre los diferentes niveles de la historia. Y aun así todo esto no tiene nada que ver con la razón por la que los marqué como los libros más importantes para mí hasta la fecha.
Los escogí porque supusieron un punto de inflexión, cambiaron el curso de una parte importante de mi historia personal. Mi experiencia como lector y escritor no se puede entender sin considerar al joven mago como un acompañante de viaje. A los catorce años sufrí el trauma de leer durante un mismo curso escolar Nada, de Carmen Laforet y Los Pazos de Ulloa de Emilia Pardo Bazán (releída años después Nada me parece una novela excelente por cierto). Contemplé entonces como el amor por la lectura que aun sentían algunos de mis compañeros y yo era mutilado sin piedad. Y es que hay lecturas que no son para el adolescente medio de este país. No volví a leer nada hasta unos cuantos meses después de aquello. La idea de escribir, que era una actividad entonces limitada a algún cuento aislado de vez en cuando, también se esfumó. Hasta que salió el siguiente libro de la saga y la llama del amor volvió a encenderse.
Claro que por aquel entonces yo no sabía que quería ser escritor. Visto con perspectiva, ahora entiendo qué la decisión de escribir un tipo de literatura que fomente la afición por la lectura en los jóvenes vino de entonces. No sólo porque me devolvió las ganas de leer, sino porque me introdujo en el mundo de la fanfiction, dónde desarrollé mis primeros relatos de estructura novelesca. Aunque en la actualidad trabajo en diferentes tipos de proyectos de corte juvenil no necesariamente fantástico, siempre vuelvo al elemento de origen: la creación de un universo sin fin, que desborde la historia y le deje espacio al lector para crear la suya. Ya volveré al tema del fandom más adelante.

Para cuando terminé Las Reliquias de la Muerte, todas las piezas de la historia del mago encajaron. De forma simultánea tome consciencia de una embrionaria carrera. El cierre de la saga, que a nivel estructural no acaba de estar a la altura de las otras novelas por su apresurado ritmo, fue el último empujón. Al final, el mago se queda solo. Siempre ayudado por alguien, le llega entonces el momento de dar el último paso, de dejar de esperar a que ocurra un milagro. Aunque dicho milagro finalmente ocurre, el mensaje que me queda al acabar la saga es precisamente el de lanzarme al vacío sin ataduras. Es en ese momento cuando dejo de ver la escritura como un hobbie y el “ojalá algún día publique algo”, se convierte en “tengo que trabajar para sacar esto adelante”.

Próximamente: Everybody dies. Los detectives clásicos también. Vuelta a las series de televisión con el Dr. House y una reflexión sobre el declive de este arquetipo en la pequeña pantalla.

martes, 12 de febrero de 2013

Retrum. Algunas luces y muchas sombras (II)


Como ya anunciaba en la entrada anterior y en la crítica plagada de spoilers que adjunté, no es oro todo lo que reluce en Retrum. Hay algunos detalles que sacaron de la lectura en más de una ocasión y que perjudicaron la impresión global que me produjo la novela.


(autor desconocido)

Primero me gustaría hacer referencia al personaje de Alexia, con quien me costó mucho conectar. A no ser que sea algo deliberado por parte del autor, que no es el caso, es un problema no simpatizar con la pareja sentimental del protagonista de una historia, especialmente si tiene un peso narrativo tan marcado. No es que me provocase ningún tipo de rechazo, sino que esperaría algo más. Sobre todo en lo que a caracterización se refiere. Quiero decir que en comparación con Lorena, Robert (e incluso con Alba), no llegamos a saber lo suficiente de Alexia.
Relacionado con lo anterior se debería hablar de la elección del narrador. Entre los escritores está bastante extendida la opinión de que la primera persona es el recurso más sencillo. La comparto y creo que para iniciados se debe utilizar cuando la trama que se narra es sencilla, como en Retrum, y el protagonista tiene una personalidad compleja. Pero ni Miralles es un iniciado, ni Christian es tan complicado. Sin discutir la elección del autor hay que tener en cuenta que una vez tomada le crea una constricción importante: sobre el protagonista los puedes explicar todo (le oímos pensar en todo momento), pero sobre los demás personajes sólo puedes mostrar. Esto es más complejo y requiere un manejo de recursos narrativos de los que el autor no echa mano de forma ecuánime entre sus personajes. Volviendo a Alexia, aceptamos que no podemos conocer sus pensamientos por las limitaciones del narrador, pero seguimos echando en falta que se nos muestre de ella algo más. No en cuanto a cantidad de cosas que se nos cuentan, sino en cuanto a calidad o forma de contarlas.
Luego hay otros dos detalles que considero como fallos de planteamiento. Uno es el uso del trilladísimo recurso de las gemelas que aquí sirve tanto como excusa romántica como para añadir un elemento de misterio a la novela. Pero de intriga… tan poca que precisamente por el uso de este recurso según el decálogo de Knox, Retrum jamás podría considerarse una novela de misterio (la décima regla es que se desaconseja el uso de gemelos). El otro son las inverosímiles desapariciones de Alexia, especialmente la primera, tras la tragedia de Highgate. Injustificable. O tal vez no, pero como no llegué a entender del todo al personaje lo parece. En la vida real el amor nos puede llevar a hacer cosas inverosímiles, pero esto es ficción y la ficción requiere congruencia. Incluso cuando un personaje va a hacer algo disparatado e incoherente, tiene que ser comprensible para el lector.
Por último podría volver a cargar las tintas con la acelerada progresión narrativa del final, pero ya quedó bastante clara mi opinión en la crítica que adjunté la semana pasada. Haciendo balance de los fallos de Retrum se aprecia que aun dejan un saldo positivo con respecto a sus muchos aciertos. Sin embargo la literatura vive de los detalles y es vital que un escritor cuide aquellos que puedan sacar al lector de la historia, ya que corre el riesgo de perderlo de forma definitiva.
Próximamente: Akumetsu. Un hombre, un asesinato. Toca introducir el universo del manga, que me ha influido como escritor de manera crucial. Además, Akumetsu es una de las obras que más influye en la novela que preparo para el proyecto de final de máster, por lo que hablaré largo y tendido de ambos trabajos.

lunes, 4 de febrero de 2013

Retrum: algunas luces y muchas sombras (I)


En la línea que sigo últimamente de investigar a los protagonistas antihéroicos de la ficción contemporánea me acerqué a Retrum. No es que Christian me ayudase mucho a continuar con la definición de Emily, pero de las dos novelas se puede decir que he sacado petróleo. Por ello le dedicaré esta entrada y la siguiente además de la reseña que podéis leer aquí:
 ATENCIÓN: SPOILERS a mansalva http://es.scribd.com/doc/123612465/Resena-Retrum


Así como la segunda entrada estará dedicada a los detalles más reprochables de Retrum, en esta quiero centrarme en los elementos más positivos que me interesa destacar.
En primer lugar, la ambientación. Es lo primero de lo que hablaría cualquier lector al que le preguntásemos que le gustó de Retrum. Miralles no se escuda en el recurso de decirnos “la historia ocurre aquí” y luego difuminar la acción en escenarios reconocibles. No, la atención al detalle en las ubicaciones está presente a lo largo de las dos novelas. No es sólo el hecho de que los lugares son reconocibles (y visitables sin tener que saltar ninguna valla), sino de que están recreados acorde a lo que la novela requiere. Es decir, el autor no cae en el realismo puro y duro sino que escoge los elementos a resaltar para crear la atmosfera apropiada.
En segundo lugar hay que destacar otro talento de Miralles que es la capacidad de captar la atención con historias sencillas. Ya lo demostró con Un haiku para Alicia y en Retrum intenta repetir el patrón. La dificultad en esta ocasión era que las premisas del argumento eran más complicadas, pero aun así siempre lo lleva a lo básico: las relaciones. La de Christian con su familia, con su instituto, con los pálidos, etc. Un punto aparte merecería la relación con el padre, que sin estar descrita de forma necesariamente realista sí que da en el clavo con lo que sería la percepción de un adolescente: sentirse abandonado e incomprendido.
En tercer lugar la cantidad de referencias culturales presentes en los dos libros, desde canciones, libros, películas, etc. Personalmente considero que es algo que siempre sube la nota media. La literatura juvenil tiene la función de promover la afición por la lectura y hay diferentes formulas para conseguirlo. La mayoría de autores optan por el entretenimiento y apelan a las emociones de los lectores. Miralles va más allá y además de crear un artefacto de agradable lectura sugiere cuales podrían ser las siguientes. Se puede llegar a Tolkien a través de otras novelas de fantasía, a Orwell a través de la reciente moda de los mundos distópicos y aquí se propone llegar a Rimbaud o Byron a través de Retrum. Atrevido y ambicioso, pero me gusta, está en la línea de lo que yo querría hacer.

lunes, 7 de enero de 2013

Dexter. Es malo, pero te gustará


Así decía el anuncio promocional de canal cuatro cuando emitía las primeras temporadas de Dexter. Copio el slogan porque me parece muy acertado en su retrato del atractivo del personaje. Además, se puede aplicar a la gran mayoría de protagonistas de las series de los últimos años. En la entrevista a Jorge Carrión que dejé en la entrada anterior hablaba sobre este fenómeno: hemos pasado de buscar la identificación con el “héroe” a preferir entablar una relación de amor/odio. Como recién graduado en psicología esto me llama poderosamente la atención. ADVERTENCIA: a continuación pueden haber graves spoilers y lo que es peor, psicología barata. El que avisa no es traidor.


En primer lugar, pienso que esta fascinación por los chicos malos viene por una cuestión de expectativas. El encanto del arquetipo del antihéroe se basa precisamente en quedar por encima de lo que se espera de él. Tenemos ante nosotros a un individuo que no es nada heroico, no esperamos que se suba a un árbol a rescatar a un gato. Sin embargo nos sorprende mostrando empatía hacia su familia o con un retorcido pero identificable sentido de la justicia. El héroe clásico jamás podría conseguir este efecto porque ya lo damos por sentado. Si Link arriesga su vida para salvar a una damisela en apuros nadie se extraña. En cambio sentimos una malsana ansia de ver morir a Trinity a manos de Dexter antes de que dañe a su familia. No nos sorprende la perseverancia de Mario tanto como nos conmueve ver a Dexter afligido al abandonarle Lumen.

En segundo lugar, no hay que olvidar que si las teleseries aumentan su calidad, es de esperar que el público madure con ellas. Cuando éramos niños todos queríamos ser héroes. Cuando crecimos aprendimos lo que era el dolor, el cinismo y la autoaversión. Sólo el antihéroe puede soportar esta pesada carga, por eso es el único que actúa como un espejo a través del cual amarnos y odiarnos a nosotros mismo y a él, todo al mismo tiempo. Es una evolución del espectador similar a la de nuestro sistema de valores a medida que nos hacemos mayores: nos desprendernos de la brújula moral de los padres e intentamos fabricar una propia. Por eso no podemos dejar de envidiar a los personajes de ficción que han completado esta tarea, comulguemos o no con sus valores.

Como esta no será la última vez que hable sobre este arquetipo lo dejo aquí de momento. Después de todo, tal y como anuncié en la entrada anterior, me toca hablar de la relación de Dexter con la novela en la que trabajo ahora. Mi protagonista no mata serialmente y de forma ritual, sino por trabajo. Emily es una asesina a sueldo. Antes de entrar en debates sobre si es posible o no para un hombre escribir desde la perspectiva de una mujer, aviso que como es mi primer intento con una protagonista femenina me he curado en salud y narro en estilo indirecto libre (para los de la LOGSE: http://es.wikipedia.org/wiki/Estilo_indirecto_libre). A pesar de las diferencias entre ambos personajes, es imposible para mí crearla sin pensar en Dexter, sin convertirla en el mismo tipo de psicópata con empatía (algo física y psicológicamente imposible fuera de la ficción).

La literatura juvenil domina muy bien el arte de humanizar a los héroes, de volverlos vulnerables. Pero está relativamente huérfana de auténticos antihéroes. Los autores suelen ofrecernos modelos saludables a los que los adolescentes puedan imitar para convertirse en ciudadanos respetables y bien integrados. Por mucho que algunos protagonistas muchas veces sean traviesos hasta lo indecible y que transgredan las normas de forma sistemática, en el fondo sabemos que son buenos chicos. ¿Es posible ofrecer a los adolescentes lo mismo que Dexter le da al público adulto? ¿Se les puede enseñar un espejo de cinismo e impulsos destructivos que no les haga sentirse mal cuando se miren en él? Ese el objetivo de Emily, ser amada más allá de su monstruosidad.

Próximamente: El Hobbit. Manual de la novela de aventuras. He empezado por el final, hablando de mi intento de desviarme de los arquetipos habituales de la literatura juvenil. Así que es lo justo que en la siguiente entrada comente el manual del que intentaré alejarme en mi novela.

Aquí tenéis la reseña de Dexter en pdf: http://es.scribd.com/doc/119264702/Critica-Dexter


lunes, 17 de diciembre de 2012

Un mapa hecho pedazos


Abres el libro por primera vez.
Imagina que te está contando la historia de un joven que, en sueños, ve el cofre de un tesoro. A partir de entonces su vida se convierte en la búsqueda de los trozos del mapa que señala su ubicación. Es imposible llegar hasta ellos sin ayuda de sus compañeros de viaje. Cada fragmento se encuentra en un lugar recóndito, es un acertijo incomprensible y además está custodiado por un guardián armado hasta los dientes. Parece una premisa aceptable para una novela de aventuras.
Imagina ahora que en lugar de un cofre sueña con la portada de un libro. En ella aparece su nombre. Los trozos del mapa son en realidad la fórmula para escribir una novela. Los guardianes a los que se enfrenta y los compañeros de viaje son una condición indispensable. Sin ellos es imposible adquirir la experiencia requerida para descifrar esos crípticos fragmentos. Ahora se parece un poco más a mi historia.

Soy otro de tantos aspirantes a escritor. Aunque he finalizado alguna que otra novela antes, aun padezco el síndrome de no-se-me-quitan-las-ganas-de-publicar. Concretamente quiero dedicarme a la novela juvenil (un agradecido saludo a todos los que aguantaban y ahora han salido corriendo en dirección a la frontera). ¿Por qué escribo? ¿Para quién? ¿Por qué este género? ¿Qué temas me interesan? ¿Cuál es mi estilo? ¿Y mis influencias? Este blog es un espacio para narrar mi intento de contestar a estas preguntas.
¿Quiero decir que va a ser un blog exclusivamente sobre literatura? Desde luego que no. Habrá contenidos relacionados con música, cine, videojuegos, pintura, comics y, cómo no, literatura (juvenil y para otros rangos demográficos). Ahora que sólo quedamos tú y yo (los demás ya están cruzando los pirineos), te digo sinceramente: es un espacio para hablar de las cosas que me apasionan.

Próximamente: “Teleshakespeare. Cuándo entendí que era la literatura expandida.” En la siguiente entrada explicaré como se articularán los contenidos del blog y en que clave se deberían leer. Como excusa utilizaré el ensayo de Jordi Carrión sobre series de televisión.