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lunes, 9 de septiembre de 2013

Psyren. Llamada pérdida.

Psyren es un manga creado por Toshiaki Iwashiro que fue serializado en Japón de diciembre de 2007 a diciembre de 2010. Muchas veces estuvo en la lista de los más vendidos y realmente parecía una de aquellas obras llamadas a convertirse en fenómeno de masas. Sin embargo, la triste realidad es que Psyren sufrió un inexplicable accidente en su despegue y no llegó si quiera a conseguir un anime (aunque algunos todavía conservamos la esperanza).

La historia comienza con Ageha, un protagonista bastante típico y tópico, quién investiga la desaparición de su compañera de clase Amamiya. Su búsqueda le llevara a conocer a la misteriosa criatura llamada Némesis Q (nombre acojonante donde los haya), que le transportará al mundo de Psyren: un desierto postapocalíptico habitado por monstruos llamados Tavoo. La verdad sobre Psyren (que no era muy difícil de predecir para el lector) se desvela pronto. Y es que resulta que Némesis Q les ha enviado al futuro (2018) para que investiguen cual fue la catástrofe que llevó a la extinción de la especie humana.
Probablemente con esta escueta sinopsis no os entren muchas ganas de leerlo. Y es que la genialidad de Psyren no radica en su premisa ni en sus dibujos, sino en su narración que la convierte en una alucinante novela gráfica. Y es que no se trata sólo de una trama compleja, oscura y emotiva, sino de la forma en que se entreteje con unos personajes tridimensionales y redondos. Las relaciones entre los mismos y su evolución personal se presentan con cotas de verosimilitud difíciles de alcanzar en un manga de este género.
Un punto más a favor de la grandeza de Psyren es su simbolismo y su mapa de referencias. Empezando por la más obvia:

 - Cualquiera verá rápidamente la conexión con Matrix a través de Némesis Q (Morfeo) y el uso de las cabinas telefónicas como transporte al otro mundo. 
 - Otro aspecto interesante de Némesis Q es su relación con el dios griego Hermes, que apunta a cómo hoy en día los medios de comunicación digitales se han convertido en deidades de la vida cotidiana. En Psyren no conecta a los humanos con los dioses, sino con los humanos del futuro y otras criaturas inteligentes. 
 - Los poderes psíquicos que usan los humanos del futuro, cuyo control se presenta en términos de lenguaje informático, como “programas”. Se entiende esto como una representación de la idea del dominio de la mente sobre la materia y del hombre sobre los recursos y energías naturales.
 - Y por último, el más importante de todos, Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, el símbolo del ciclo eterno que siempre se reinicia sin importar que se haga para evitarlo. En el manga es también una representación del destino inevitable (y no digo más que esto no es un blog de spoilers y destripes).

Y aun así, a pesar de todo, Psyren no triunfó tanto como debería, especialmente en Japón, dónde las ventas empezaron a desinflarse en los últimos volúmenes. En occidente sin embargo sigue siendo una de las series más leídas. En el portal mangafox.me sigue siendo (casi tres años después de su final) más popular que One Piece o Bleach. Lo que no quiere decir que su pinchazo se deba únicamente a una diferencia de gustos entre el público occidental y el oriental (que también). Pysren tiene algunos puntos oscuros:
 -Un final un tanto precipitado, con un ritmo acelerado y un cierre que roza el Deux Ex Machina porque el autor se “olvidó” de presentar con mayor antelación al verdadero antagonista de la historia (de nuevo la importancia de pensar bien el final antes de escribir).
 -Algún agujero argumental secundario: desde el típico malo de James Bond contándote su plan malvado hasta enemigos que después de derrotarte te perdonan la vida por capricho (del autor).
 -El hecho de que es una novela gráfica. He dicho que esto es lo mejor de Psyren, pero tiene el problema de que precisamente esa forma de narrar tal vez no es a la que están acostumbrados los lectores primarios del género shonen.
 -El hecho de que su estilo de dibujo se parezca demasiado a Bleach y que hace que la gente lo compare o lo tilde de shonen común, negándole una oportunidad y alejando del posible comprador la idea de que pueda estar ante una obra profunda y compleja.
 -El formato de publicación. Los mangas japoneses se serializan en revistas y posteriormente se recopilan en volúmenes llamados tankōbon. Las ventas del volumen dependen en gran medida de la popularidad que tenga la serie en las tiradas semanales de la revista (hay algunas excepciones). El problema está en que los capítulos semanales de Psyren eran demasiado cortos para una serie tan compleja y propiciaban que el lector fuera olvidando detalles de la historia, lo que terminaría llevando a un inevitable declive en su popularidad, luego en las ventas y así aniquilando las opciones de conseguir una oferta para un anime.

En definitiva, una idea brillante que acabó aplastada por su propio género y formato. Una pena. Espero con muchas ansias el próximo trabajo de este autor.

Próximamente: The Wire. Análisis de esta serie que demuestra que un bajo presupuesto y un enfoque realista no están reñidos con el éxito cuando hay talento de por medio.

jueves, 1 de agosto de 2013

Bakuman, la metaficción llega al manga.

Bakuman es una publicación a la que ya hice referencia al hablar de Death Note pues es de los mismos autores: Tsugumi Oba y Takeshi Obata. La historia gira en torno Moritaka Mashiro (dibujante) y Akito Takagi (escritor), dos jóvenes que quieren convertirse en mangakas. Desde que están en secundaria trabajan como si les fuera la vida en ello para sacar adelante su sueño. Se nos muestra paso a paso las fases del proceso que siguen cada vez que intentan crear una nueva obra: primero surge una idea, luego se hacen diseños de personajes, se pasa a los primeros bocetos, se enseñan estos al editor, se cambian o se preparan para serializar.
Con esta sinopsis creo que se entiende por qué me refiero a Bakuman como un manga metaficcional (así como otras veces he hablado del cuento metaliterario). Pero no todas las reflexiones que propone la serie están referidas únicamente al “arte”, sino también al “oficio”. Hay dos citas claves que me permiten encuadrar las dos más interesantes y explicar su relación con la literatura.

“Un manga sólo tiene que ser interesante. Si es interesante será serializado.”

Desgraciadamente esto la mayoría de ocasiones no es más que una frase bonita. En primer lugar, el concepto de interesante depende del lector. Crepusculo es interesante para cierto tipo de público y completamente insustancial para el resto de la humanidad. Del mismo modo Chet Baker piensa en su arte es un libro interesante para algunos e inaccesible para muchos otros. Sin embargo hay algo cierto detrás de esto: el potencial que muestra un autor a la hora de contarnos una historia, su voz. Se puede decir por tanto que un escritor tiene una voz “interesante” es más probable que sus libros sean publicados.

“Si todo el mundo se preocupa tanto de quedar bien en los cuestionarios, será el fin del manga.” 

Esto es una referencia a los cuestionarios de popularidad que utilizan algunas revistas como la Shonen Jump (dónde se publicaba Bakuman). Su aplicación a la literatura es obvia: es la preocupación constante de que la comercialización del arte acabe truncando la evolución del mismo. Como ya comenté en una entrada anterior no creo que sea el segmento de la alta literatura el que esté sufriendo un “estancamiento”, sino la propia literatura comercial. Muchos autores no hacen más que repetir las formulas que ya se han usado porque creen que son la única forma de conseguir un sitio en las estanterías de novedades. En este caso diría que la literatura juvenil puede correr el peligro de estancarse si los autores no superan su ansiedad por vender y ser populares. Por suerte siempre los hay que se atreven a innovar e inventar formulas nuevas.
No quisiera acabar sin antes recomendar FUERTEMENTE la lectura de esta fantástica serie. Al releerla recientemente me ha hecho recordar el momento en el que decido dar el giro de 180º en mi vida que me lleva a estar ahora luchando por salir adelante en el mundo literario. Bakuman no es sólo un manga metaficcional, también es una historia de superación que habla sobre el valor del esfuerzo y el trabajo duro y la importancia de perseguir los sueños aun a costa de jugarte la vida.

“Vas a acabar en un trabajo de oficina aburrido. ¿Es eso lo que quieres de la vida?”


Próxima entrada: Los Juegos del Hambre. Empezar por el final. Utilizando el best seller de Suzane Collins hablaré de la importancia de planear el mensaje que se quiere transmitir en una novela.

miércoles, 5 de junio de 2013

Death Note (2). ¿Obra maestra o gran acierto comercial?


En Bakuman, otro de Oba y Obata, vemos varios guiños respecto a su objetivo cuando creaban Death Note. Y es que la pretensión comercial de la obra no se puede negar, pero tampoco su calidad artística. En ningún medio de expresión abundan las piezas que reúnan ambas cualidades. ¿Por qué se convierte este manga en una de las excepciones?
En cuanto al éxito comercial la explicación es sencilla. Oba (el escritor) utilizó los clichés y temas más habituales de las series shonen: la lucha entre el bien y el mal, la amistad, la amistad, el amor, la justicia, etc. Y les dio un giro macabro que sorprendió al lector. La lucha entre el bien y el mal está distorsionada e invertida: tenemos a un protagonista que encaja en el papel de villano y un antagonista que es un detective clásico, un perfecto antihéroe. La amistad y el amor aparecen, pero de forma unilateral, desengañada. Misa se enamora de Light, L llega a considerarle un amigo, pero él les rechaza a ambos, se limita a fingir. Se trata el tema de la justicia centrando el debate en una pregunta retorcida: ¿Qué es tolerable hacer en nombre de la justicia? ¿Hasta dónde está uno dispuesto a llegar? Personalmente como lector y escritor este es el tema que más me atrae de Death Note.
Y las razones por las que se afirma que es una obra maestra están relacionadas. Se considera que cuando un género empieza a agotar las formulas habituales es que está estancado. El autor que se atreve a ir más allá de las convenciones toma la delantera de sus colegas y si tiene éxito le llamamos "genio". Donde otros intentaron lo mismo y fallaron, Oba y Obata triunfaron y fueron capaces de crear un manga mainstream con un estilo innovador y una narrativa inusualmente pulida en este género.
Sin embargo no todo son rosas y luces de colores en esta obra. Muchas de las críticas recibidas se deben a que Death Note en ocasiones va demasiado lejos al retorcer las normas del género policial. El antagonista, L, es un detective que muchas veces rompe el canon al hacer deducciones que no siguen un esquema racional. Se podría justificar que el componente sobrenatural de la historia lo demanda. Pero precisamente esta fricción entre el género policial y el sobrenatural es uno de los puntos que Oba podría haber pulido más. El otro gran pero está en su final. Desde el principio se genera un duelo entre el protagonista y su antagonista y se construye toda la tensión dramática alrededor de ambos. Y al final, para resolver el conflicto el autor utiliza el recurso de sustituir una de las dos piezas por otra diferente: jaque mate y para casa. A eso se le llama Deus ex machina, o dicho más clara y ampliamente: mala escritura.

Próximamente: El Caballero Oscuro. Las múltiples caras del "supergénero". Partiendo de la trilogía de Nolan hablaré sobre las diferentes perspectivas de las que se puede partir al narrar una historia de superhéroes. 

miércoles, 29 de mayo de 2013

Death Note. Forzando al límite el arquetipo del antihéroe.

Death Note es un manga escrito por Tsugumi Oba e ilustrado por Takeshi Obata. La historia se centra en Ligh Yagami, el hijo perfecto, el estudiante de instituto nº 1 del país. Un día, la suerte y el capricho de un ángel de la muerte hacen que caiga en sus manos un cuaderno sobrenatural: la Death Note. La persona cuyo nombre se escriba en él, morirá. Light tiene un ego desproporcionado sólo comparable a su fuerte sentido de la justicia. Esta peligrosa mezcla dará lugar a su ambición de utilizar el cuaderno para librar al mundo de criminales y acabar con la maldad, convirtiéndose así en un Dios castigador. Los doce volúmenes han vendido más de veintiséis millones de copias y la serie ha sido nominada a varios premios. El reconocimiento de la crítica en todo el mundo ha sido muy favorable aunque no desprovisto de polémica. ¿Cuál fue la clave del éxito? ¿El brillante giro que le dio Tsugumi Oba al marchito género policial?

No, el secreto es Light, la quintaesencia del arquetipo del antihéroe y, al mismo tiempo, una de sus transgresiones más flagrantes. Una definición concreta del antihéroe moderno nos habla de un personaje que realiza actos heroicos con métodos o finalidades discutibles. Antihéroes hay muchos, pero no existe en el género shonen (el equivalente demográfico en el manga de la literatura juvenil) un protagonista como él. ¿Por qué digo que Light es y a la vez no es un antihéroe? Porque es un personaje que interpreta a otro personaje: es un villano que se disfraza de héroe, se pone en primer plano y nos intenta convencer (y a ratos lo consigue) de que lucha por la justicia. Es lo que yo denomino un héroe diabólico.
A diferencia del perfil habitual de este arquetipo, el origen de la desviación ética de Light no se encuentra en un pasado trágico. Su distorsión se nos presenta como fruto de su personalidad, de sus tendencias innatas: es un ególatra perfeccionista que se cree capaz de cambiar el mundo él solo. No muy diferente del adolescente medio, sólo que él realmente tiene el poder de fulminar a quién le dé la gana. Esto nos revela otra ruptura clara con el perfil: sus métodos e intenciones no son cuestionables, son punibles. ¿Exterminar a todos los malvados y convertirse en un Dios? Que alguien llame a los de la camisa de fuerza.
Light es el héroe de la historia, el protagonista con el que el autor nos hace empatizar. A ratos queremos que gane, que la policía le deje en paz. Pero sigue sin ser un antihéroe. Este debería moverse en la zona gris que hay entre un héroe y un villano. Light pasa el 80% de la historia hundido en la zona negra que normalmente se reserva para los genios del mal más retorcidos y despiadados. En definitiva, tiene más similitudes con un asesino en serie como Dexter, que con los antihéroes clásicos como el Lazarillo o Don Quijote. Es posible que el antihéroe esté cambiando, que se adapte a la post modernidad (si es que existe tal cosa), aunque mi opinión es que nos encontremos ante un perfil emergente completamente nuevo.

Esa sería la gran aportación que ha hecho Death Note a la novela en la que trabajo: el concepto del personaje. La idea de incluir un protagonista en la literatura juvenil que parezca tan inapropiado para este género. Dexter funcionó para los adultos y jóvenes adultos, Light para los jóvenes y adolescentes. ¿También podrá Emily generar empatía en el lector al ser insertada en un medio tan extraño para un personaje de sus características? Tengo la convicción de que es momento de que la literatura juvenil de el salto y se atreva con los nuevos héroes diabólicos.


Próximamente: Death Note (2). ¿Obra maestra o gran acierto comercial? Seguiré hablando de esta fantástica serie y las razones de su éxito, así como de otras aportaciones que me hecho como escritor.

viernes, 22 de febrero de 2013

Akumetsu. Un hombre, un asesinato.




“Pues los mataré a ellos también. Limpiaré toda la maldad.”

Akumetsu nos narra la historia de Shou, un justiciero enmascarado que intenta erradicar el mal con su código ético de “Un hombre, un asesinato”. El manga fue serializado de 2002 a 2006 y nos presenta lo que en aquella época era un futuro que pocos agoreros preveían: una terrible crisis económica provocada por la corrupción política y las malas prácticas en el sector financiero. Shou, harto de esta situación y de la falta de reacción del pueblo nipón, decide tomarse la justicia por su mano. Adopta el alias Akumetsu (que podría traducirse como destructor del mal) y empieza a matar uno a uno a los que considera culpables de esta situación, suicidándose después de cada asesinato. ¿Qué cómo sigue matando si se suicida? Leed el manga, esta vez no hay spoilers.
Esta obra es probablemente la mejor de Yoshiaki Tabata, aunque sigue cayendo en los mismos errores de otros trabajos. Por un lado está su tendencia a atascarse en la violencia, que llegada un punto se vuelve repetitiva y corta el ritmo de la historia. Y por el otro el hecho de que su crítica social, aunque acertada, resulta un tanto torpe y simplista. Akumetsu y la mayoría de sus trabajos suelen generar reacciones contrapuestas: a la mayoría de sus lectores o bien les encanta o bien les parece una exageración a ratos infantil. Y hay que recalcar lo de infantil en este caso, ya que Shou es un estudiante de instituto, tiene apenas dieciséis años y su idealismo es verosímil y está correctamente expresado pero, efectivamente, resulta exagerado e infantil para el lector más maduro.
Guardo ya en el cajón el crítico que llevamos todos dentro y vuelvo a la novela en la que trabajo (título por decidir) y su relación con Akumetsu. El punto de partida es el álter ego de Shou, que pronto se convierte en algo más que un individuo: pasa a ser una organización terrorista. Mi protagonista, Emily, también forma parte de un grupo terrorista. Lo que la diferencia de Shou es que ella no es una idealista, de hecho tiene serios problemas para distinguir entre el bien y el mal, por lo que encaja mejor en el perfil de asesina a sueldo o mercenaria.
Otro punto de comparación es la crudeza. En Akumetsu no hay villanos trágicos al clásico estilo shakesperiano, sólo hay blanco o negro, siendo Shou el único privilegiado en la escala de grises. En Akumetsu la muerte es un elemento esencial por la forma en que asesina el protagonista: buscando el mayor impacto posible, de la forma más violenta y truculenta que pueda. En mi novela el grupo terrorista para el que trabaja Emily también opera usando la teatralidad y el impacto para difundir un mensaje disuasorio, convencidos, al igual que Akumetsu, de que el miedo bastará para acabar con la maldad. La diferencia está en que el estilo de Emily es radicalmente más comedido (en el 90% de las ocasiones). Mientras que en el manga de Tabata el gore está en primer plano, yo intento tratarlo como parte del decorado, ya que la protagonista y la historia así lo reclaman.



Acabaré con una reflexión que me gustaría desarrollar en futuras entradas. No es que Akumetsu inspirase este trabajo, las historias sólo coinciden en la premisa, pero en cuanto tuve la idea para la novela hice la conexión con éste manga. Con este y con tantos otros que influyen en mi forma de escribir, entonces caí en la cuenta de un problema que se me presenta. En un manga, la premisa de una historia como Akumetsu es aceptada fácilmente por los lectores sin exigir explicaciones o al menos posponiéndolas. Esto se podría comparar con el hecho de que no nos extrañe que en una teleserie norteamericana los extraterrestres siempre aterricen en Estados Unidos. Es decir, diferentes medios artísticos cuentan con diferentes formulas y normas que preparan al público frente a lo que se pueden encontrar. Crean un imaginario propio en el que aceptamos que unas cosas son verosímiles y otras no. Ahora bien, cuando se intenta adoptar en un medio como la literatura juvenil elementos que le son ajenos (sacados de series de televisión, cómics, cine, videojuegos, etc.) no se puede obviar el problema de la adaptación. Se requiere una traducción de las premisas ajenas a las normas y fórmulas propias. Hacer un buen trabajo de traducción será sin duda determinante para que la novela no se hunda antes de zarpar.

Próximamente: Religión para ateos. El arte sin instrucciones. La siguiente entrada NO tratará sobre religión a pesar de lo que pueda hacer pensar el título del ensayo de Alain de Botton. Me centraré en la comparación que establece entre arte religioso y arte laico.