martes, 24 de septiembre de 2013

The Wire. El protagonista colectivo.

A día de hoy, cuando se empieza a extender el prototipo de seriéfilo, quién quiera considerarse a sí mismo como tal hay algunas series que no puede ignorar eternamente. The Wire no sólo es una de ellas, sino que de debería estar en la parte alta de la lista. Pero, atención, no es una serie apta para los No-seriéfilos ni una buena forma de iniciarse. No es un producto de fácil consumo, algo que puedas ver mientras haces la declaración de la renta, planeas las vacaciones o juegas al minecraft. Si te sientas a ver The Wire sin concentración la serie te dejará atrás y nunca volverás a atraparla.

Porque siendo sinceros, el fotorealismo puede tirar para atrás, hasta que te acostumbras y se convierte en uno de sus encantos: los trapicheos en la esquina grabados con una cámara de seguridad quedan para la posteridad. Tampoco se puede esperar mucha acción y un nivel de intriga que te mantenga pegado al asiento desde el primer minuto. The Wire es una serie lenta al principio, que se toma sus capítulos para establecer sus propias reglas. Pero una vez que te las aprendas y puedas participar en su juego te resultará mucho más emocionante que cualquier thriller policial que puedas encontrar.
Esto es necesario y gratificante una vez que el espectador comprende su propósito. En el tiempo que se toma, The Wire crea un mundo interno independiente y cerrado, en el que sus protagonistas están más vivos que en cualquier otra serie. La Baltimore que retrata tiene vida propia, vemos como nace y se expande a partir de los encuentros fugaces entre sus personajes. Desde la esquina en los barrios bajos, pasando por el sindicato del crimen que se reúne en lujosos restaurantes a plena luz del día y llegando hasta el congreso, dónde se ubica a la ciudad como parte del entramado de algo más grande: una artería de los Estados Unidos.
It's all in the game yo... All in the game.


Es un hecho que Baltimore es la auténtica protagonista de la serie. Y es curioso que podamos decir esto ante una ficción que nos regala a algunos de los personajes mejor construidos y más carismáticos de la última década: ahí quedan Avon Barxdale y Stringer Bell (¿a alguien le ha sorprendido ver a Idris Elba en Pacific Rim?), McNulty, Bunks, Lester, Omar, Bubbles, etc. Pero al final todos ellos son Baltimore, sus idas y venidas, sus evoluciones e involuciones… Son muy interesantes, pero están subordinadas a actuar como pinceles, a pintar el retrato móvil de una realidad que a veces es inmóvil: los diferentes sectores presentados fallan constantemente en adaptarse, salvo los traficantes y el mundo de “la calle”. Cada pequeña victoria de los demás sectores se ve contrarrestada al final de cada temporada por una monumental derrota de sus protagonistas, maniatados por la ley, los presupuestos y los reglamentos. Y con cada varapalo, la ciudad tiembla. 
Próximamente: Memorias de Idhun. Los males de la literatura juvenil contemporánea. En la siguiente entrada me propongo la difícil tarea de enumerar aquellos aspectos del funcionamiento de la LIJ con los que estoy descontento. Preparaos autores y editoriales: There will be blood.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Psyren. Llamada pérdida.

Psyren es un manga creado por Toshiaki Iwashiro que fue serializado en Japón de diciembre de 2007 a diciembre de 2010. Muchas veces estuvo en la lista de los más vendidos y realmente parecía una de aquellas obras llamadas a convertirse en fenómeno de masas. Sin embargo, la triste realidad es que Psyren sufrió un inexplicable accidente en su despegue y no llegó si quiera a conseguir un anime (aunque algunos todavía conservamos la esperanza).

La historia comienza con Ageha, un protagonista bastante típico y tópico, quién investiga la desaparición de su compañera de clase Amamiya. Su búsqueda le llevara a conocer a la misteriosa criatura llamada Némesis Q (nombre acojonante donde los haya), que le transportará al mundo de Psyren: un desierto postapocalíptico habitado por monstruos llamados Tavoo. La verdad sobre Psyren (que no era muy difícil de predecir para el lector) se desvela pronto. Y es que resulta que Némesis Q les ha enviado al futuro (2018) para que investiguen cual fue la catástrofe que llevó a la extinción de la especie humana.
Probablemente con esta escueta sinopsis no os entren muchas ganas de leerlo. Y es que la genialidad de Psyren no radica en su premisa ni en sus dibujos, sino en su narración que la convierte en una alucinante novela gráfica. Y es que no se trata sólo de una trama compleja, oscura y emotiva, sino de la forma en que se entreteje con unos personajes tridimensionales y redondos. Las relaciones entre los mismos y su evolución personal se presentan con cotas de verosimilitud difíciles de alcanzar en un manga de este género.
Un punto más a favor de la grandeza de Psyren es su simbolismo y su mapa de referencias. Empezando por la más obvia:

 - Cualquiera verá rápidamente la conexión con Matrix a través de Némesis Q (Morfeo) y el uso de las cabinas telefónicas como transporte al otro mundo. 
 - Otro aspecto interesante de Némesis Q es su relación con el dios griego Hermes, que apunta a cómo hoy en día los medios de comunicación digitales se han convertido en deidades de la vida cotidiana. En Psyren no conecta a los humanos con los dioses, sino con los humanos del futuro y otras criaturas inteligentes. 
 - Los poderes psíquicos que usan los humanos del futuro, cuyo control se presenta en términos de lenguaje informático, como “programas”. Se entiende esto como una representación de la idea del dominio de la mente sobre la materia y del hombre sobre los recursos y energías naturales.
 - Y por último, el más importante de todos, Ouroboros, la serpiente que se muerde la cola, el símbolo del ciclo eterno que siempre se reinicia sin importar que se haga para evitarlo. En el manga es también una representación del destino inevitable (y no digo más que esto no es un blog de spoilers y destripes).

Y aun así, a pesar de todo, Psyren no triunfó tanto como debería, especialmente en Japón, dónde las ventas empezaron a desinflarse en los últimos volúmenes. En occidente sin embargo sigue siendo una de las series más leídas. En el portal mangafox.me sigue siendo (casi tres años después de su final) más popular que One Piece o Bleach. Lo que no quiere decir que su pinchazo se deba únicamente a una diferencia de gustos entre el público occidental y el oriental (que también). Pysren tiene algunos puntos oscuros:
 -Un final un tanto precipitado, con un ritmo acelerado y un cierre que roza el Deux Ex Machina porque el autor se “olvidó” de presentar con mayor antelación al verdadero antagonista de la historia (de nuevo la importancia de pensar bien el final antes de escribir).
 -Algún agujero argumental secundario: desde el típico malo de James Bond contándote su plan malvado hasta enemigos que después de derrotarte te perdonan la vida por capricho (del autor).
 -El hecho de que es una novela gráfica. He dicho que esto es lo mejor de Psyren, pero tiene el problema de que precisamente esa forma de narrar tal vez no es a la que están acostumbrados los lectores primarios del género shonen.
 -El hecho de que su estilo de dibujo se parezca demasiado a Bleach y que hace que la gente lo compare o lo tilde de shonen común, negándole una oportunidad y alejando del posible comprador la idea de que pueda estar ante una obra profunda y compleja.
 -El formato de publicación. Los mangas japoneses se serializan en revistas y posteriormente se recopilan en volúmenes llamados tankōbon. Las ventas del volumen dependen en gran medida de la popularidad que tenga la serie en las tiradas semanales de la revista (hay algunas excepciones). El problema está en que los capítulos semanales de Psyren eran demasiado cortos para una serie tan compleja y propiciaban que el lector fuera olvidando detalles de la historia, lo que terminaría llevando a un inevitable declive en su popularidad, luego en las ventas y así aniquilando las opciones de conseguir una oferta para un anime.

En definitiva, una idea brillante que acabó aplastada por su propio género y formato. Una pena. Espero con muchas ansias el próximo trabajo de este autor.

Próximamente: The Wire. Análisis de esta serie que demuestra que un bajo presupuesto y un enfoque realista no están reñidos con el éxito cuando hay talento de por medio.

sábado, 31 de agosto de 2013

Liebster Award

Voy a saltarme por primera vez el programa de contenidos y hablaré de algo diferente hoy. Llevaba tiempo esperando para hacer un Stop y anunciar un par de cosas. La reciente nominación al Liebster Award por parte de mi amiga y bloguera Nima Storyteller me ha dado la oportunidad perfecta. ¿En qué consiste el Liebster Award? Es una cadena de menciones para blogs con menos de 200 seguidores que se gestiona mediante recomendaciones.


Éstas son las reglas del premio:
1)      Acepta el premio, publica la imagen del Liebster Award en la parte superior de tu entrada y di quién te nominó para el premio y menciona la dirección de su blog.
2)      Menciona 11 datos al azar acerca de ti mismo.
3)      Nomina a otros 11 blogueros al Liebster Award y enumera sus sitios.
4)      Notifica a los blogueros sobre su premio.
5)      Haz 11 preguntas a los ganadores para que respondan cuando acepten su premio.
6)      Responde las preguntas dejadas para ti por el bloguero que te concedió el premio.

Datos al azar sobre mí que quizás sepas, quizás te den igual o quizás te la traigan al pairo:
-No sé montar en bici
-El primer libro que leí en mi vida y que me hizo llorar de niño y de adulto: El Principito
-Sólo me haría un piercing o un tatuaje si me concedieran inmunidad diplomática
-Estuve a punto de matricularme en Derecho
-Soy cubano pero no digo cosas como papi o brother
-El manga con el que más me he desternillado de la risa (y aun me río después de tantas lecturas) es School Rumble
-Cada vez que alguien me sugiere que escriba psicología de autoayuda me entran ganas de coger un transbordador espacial y largarme a otro planeta
-Recientemente he empezado a estudiar japonés
-Disfruto desenrollando los auriculares
-Si pudiera escoger un superpoder… escogería el dinero sin duda
-Mi serie de televisión favorita: House

Nomino a los siguientes blogs (no llegan a 11, acabo de darme cuenta de que sigo a pocos blogueros independientes, una pena):


Y en respuesta a las preguntas que me hizo Nima:

-¿Te consideras creativo? ¿Cómo te gusta canalizar tu creatividad?
 . ¡Y tanto! Me gusta escribir y escribir y escribir. Todo con tal de aliviar el continuo flujo de imaginación desbordada que amenaza con hacerme perder la cordura.

-Ahora que estamos en verano, ¿cuál es tu sabor de helado favorito?
 . Vainilla, con diferencia.

-Dime una canción que te anime en los momentos tristes.
 . Te digo dos: After Dark de Asian Kung Fu Generation y Believe de Yellowcard


-¿Cuál es tu mayor sueño?
 . Escribir un libro que siga leyéndose muchos años después de que haya muerto.

-¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?
 . Este dilema ya ha sido resuelto, aquí la noticia:

A los blogueros nominados os propongo estas preguntas:
1)      ¿Por qué creasteis vuestro blog?
2)      ¿Qué tres cosas llevas siempre que sales de casa?
3)      ¿A qué os dedicáis
4)      ¿Qué creéis que se necesita para ser un creador?
5)      Sale un tren de Barcelona en dirección a Madrid con una velocidad de 120km/h. Dos horas después de iniciar el trayecto se bajan veinticinco personas y suben quince. ¿Qué lleva el oso en la maleta?


El otro anuncio es la cercana clausura del blog. En uno o dos meses a lo sumo dejaré de publicar en El mapa del tesoro. Este proyecto surgió como acompañamiento al Máster en Creación Literaria. Ahora que ya ha concluido y que estoy a punto de entregar el proyecto final toca hacer un alto en el viaje de letras que empezó hace casi nueve meses. Las próximas entradas contendrán más reseñas y los últimos fragmentos de conocimiento que he trabajado en este tiempo para darle forma a mi novela. Esto no es un adiós sino un hasta luego: a finales de año (o probablemente antes) volveré con otro blog y un concepto diferente. Queda travesía para rato.


Próximamente (esta vez sí): Psyeren. Llamada perdida. Un análisis de este espectacular manga que pudo haberse convertido en uno de los grandes pero se cayó por el camino.

martes, 20 de agosto de 2013

Los juegos del hambre. Empezar por el final.


La trilogía de Suzane Collins es uno de los pocos ejemplos que puedo encontrar hoy en día de libros de este género que me hagan pensar desde el principio que el autor está intentando decirme algo. Algo muy importante en este caso. Muchas novelas juveniles empiezan sin que el propio escritor sepa exactamente porque la está escribiendo, más allá que por entretenimiento o por el dinero. Que no es que me parezcan malos motivos (yo mismo empecé a escribir por pura autosatisfacción), es sólo que dan lugar a resultados poco pulidos. Cuando el autor sabe que quiere decir algo, pero no es consciente del qué, el lector lo nota. En Los juegos del hambre esto no pasa, desde el principio tienes una sensación clara de que alguien está intentando avisarte de algo. Claro que el lector no lo verá hasta el final de Sinsajo, que cierra la trilogía.
¿Quiero decir con esto que el autor tiene que saber el final antes de empezar a escribir? No. El final es donde se suele revelar el sentido de la obra, pero también forma parte de los problemas de la misma que el escritor debe resolver. Lo que sí que está obligado a saber es qué es lo que le mueve a narrar esa historia. Detrás de cada libro hay una visión del mundo, una manera de entender el amor, la guerra, la muerte, la amistad, la traición, etc. Así, en Sinsajo se hace patente que Suzane Collins intentaba decirnos desde hacía muchas páginas que, desgraciadamente, el amor a veces sólo puede ser un bálsamo, no una fuerza imparable que lo vence todo. Que hay experiencias que te cambian para siempre, que puedes seguir adelante, pero no siendo tú mismo, que el concepto de pasar página está muy mal definido.
Los tres libros de la saga están orientados a mostrarnos esto y poco a poco el mensaje se va haciendo más claro hasta que se convierte en un presagio de su amargo final. Todo apunta hacia ello: desde la cruda y tenebrosa ambientación, pasando por las continuas referencias y semejanzas con las distopías adultas, hasta la forma en que la lucha por la supervivencia siempre se impone incluso en las páginas más llenas de almidón romántico.
Es precisamente este último punto el que resulta más determinante para que la autora consiga su objetivo. Las relaciones amorosas de entre los personajes aparecen siempre enturbiadas por Los Juegos del Hambre (o la guerra en el último libro). De modo que se presentan como un elemento incapaz de ocupar un centro en la vida de los protagonistas, porque hay cosas más importantes de las que encargarse. Este es un tratamiento poco habitual en la literatura juvenil y que es uno de los grandes aciertos de la saga. De este modo la autora transmite no sólo al final sino durante el recorrido también una visión de la violencia y la destrucción como una fuerza opuesta al amor, pero no inferior a este en intensidad y poder de transformación de las personas. Presenta un equilibrio, no una anulación: Omnia vincit amor. ¡NO!


Próximamente: Psyren. Llamada perdida. Un análisis de este espectacular manga que pudo haberse convertido en uno de los grandes pero se cayó por el camino.

jueves, 1 de agosto de 2013

Bakuman, la metaficción llega al manga.

Bakuman es una publicación a la que ya hice referencia al hablar de Death Note pues es de los mismos autores: Tsugumi Oba y Takeshi Obata. La historia gira en torno Moritaka Mashiro (dibujante) y Akito Takagi (escritor), dos jóvenes que quieren convertirse en mangakas. Desde que están en secundaria trabajan como si les fuera la vida en ello para sacar adelante su sueño. Se nos muestra paso a paso las fases del proceso que siguen cada vez que intentan crear una nueva obra: primero surge una idea, luego se hacen diseños de personajes, se pasa a los primeros bocetos, se enseñan estos al editor, se cambian o se preparan para serializar.
Con esta sinopsis creo que se entiende por qué me refiero a Bakuman como un manga metaficcional (así como otras veces he hablado del cuento metaliterario). Pero no todas las reflexiones que propone la serie están referidas únicamente al “arte”, sino también al “oficio”. Hay dos citas claves que me permiten encuadrar las dos más interesantes y explicar su relación con la literatura.

“Un manga sólo tiene que ser interesante. Si es interesante será serializado.”

Desgraciadamente esto la mayoría de ocasiones no es más que una frase bonita. En primer lugar, el concepto de interesante depende del lector. Crepusculo es interesante para cierto tipo de público y completamente insustancial para el resto de la humanidad. Del mismo modo Chet Baker piensa en su arte es un libro interesante para algunos e inaccesible para muchos otros. Sin embargo hay algo cierto detrás de esto: el potencial que muestra un autor a la hora de contarnos una historia, su voz. Se puede decir por tanto que un escritor tiene una voz “interesante” es más probable que sus libros sean publicados.

“Si todo el mundo se preocupa tanto de quedar bien en los cuestionarios, será el fin del manga.” 

Esto es una referencia a los cuestionarios de popularidad que utilizan algunas revistas como la Shonen Jump (dónde se publicaba Bakuman). Su aplicación a la literatura es obvia: es la preocupación constante de que la comercialización del arte acabe truncando la evolución del mismo. Como ya comenté en una entrada anterior no creo que sea el segmento de la alta literatura el que esté sufriendo un “estancamiento”, sino la propia literatura comercial. Muchos autores no hacen más que repetir las formulas que ya se han usado porque creen que son la única forma de conseguir un sitio en las estanterías de novedades. En este caso diría que la literatura juvenil puede correr el peligro de estancarse si los autores no superan su ansiedad por vender y ser populares. Por suerte siempre los hay que se atreven a innovar e inventar formulas nuevas.
No quisiera acabar sin antes recomendar FUERTEMENTE la lectura de esta fantástica serie. Al releerla recientemente me ha hecho recordar el momento en el que decido dar el giro de 180º en mi vida que me lleva a estar ahora luchando por salir adelante en el mundo literario. Bakuman no es sólo un manga metaficcional, también es una historia de superación que habla sobre el valor del esfuerzo y el trabajo duro y la importancia de perseguir los sueños aun a costa de jugarte la vida.

“Vas a acabar en un trabajo de oficina aburrido. ¿Es eso lo que quieres de la vida?”


Próxima entrada: Los Juegos del Hambre. Empezar por el final. Utilizando el best seller de Suzane Collins hablaré de la importancia de planear el mensaje que se quiere transmitir en una novela.

lunes, 22 de julio de 2013

1984. Universos distópicos para jóvenes y adultos.


Esta es una novela que me llevó a recibir más de un reproche al comentarla con algunos amigos que también la leyeron. Aunque es cierto que cómo lector la disfruté desde la primera palabra hasta el último punto del apéndice, como escritor su final me dejó sensaciones extrañas. A estas alturas comprendo que mi reacción vehemente de aquel entonces se debió sin duda a la confusión provocada por aquellas emociones de rechazo. En frío intentaré explicar mejor por qué 1984 me resulta tan querida como lector y tan lejana como escritor.
Para empezar rescatemos las primeras entradas, aquellas en las que se anunciaba que los contenidos girarían en torno a la literatura juvenil (hay que ver como he desvariado desde entonces). Este es el género al que como aspirante a escritor quiero dedicarme (mayormente). Los universos distópicos al estilo de 1984 están muy de moda (y rápidamente desgastándose) en estas publicaciones. Los juegos del hambre, Divergente, Corazón de fuego, Enlazados, Delirium, El corredor del laberinto y un largo etcétera. Y, sin embargo, más allá de los paralelismos y referencias evidentes, cualquier parecido de estas con 1984 es pura coincidencia. Y no hablo sólo de las diferencias entre la prosa adulta y la de la literatura juvenil, me refiero a que la distopía es conceptualmente diferente en estos géneros. Y de aquí surgía mi sensación agridulce al acabar la obra maestra de Orwell.
Y es que en 1984, el final despoja y ridiculiza el leitmotiv del protagonista, no hay resolución de conflictos ni catarsis, es una novela de aquellas que simplemente termina. Todo esto es impensable en la novela juvenil contemporánea (y digo contemporánea porque si dijera moderna tendría que incluir El Guardián entre el Centeno que es un caso completamente diferente). ¿Por qué? Laura Miller contesta a esto en un artículo para The New Yorker titulado “Infierno Fresco: Qué hay detrás del boom de la ficción distópica para lectores jóvenes.” Os lo resumo: 1, no tiene el carácter didáctico y social de su hermana mayor, se centra en las aventuras del protagonista y 2, su estructura es arquetípica, no racional. ¿Qué significa esto?
Lo último es sencillo. El esquema racional se basa en establecer un universo distópico sólido y sin fisuras, tan poderoso que terminará aplastando a quién intente desmontarlo (lo que facilita la aplastante derrota que debe sufrir el protagonista). El esquema arquetípico se basa en la mitología, en elevar al protagonista al nivel de héroe. Se convierte así a Katniss Everdeen en una de suerte Prometeo moderno.
Pero la diferencia fundamental está en el primer punto. Mientras que Orwell intentaba avisarnos de la catástrofe que estaba por llegar, Suzane Collins recrea en su ficción la experiencia que puede tener cualquier adolescente sobre los peligros y angustias ya existentes en nuestro mundo. El género adulto usa la humillante derrota de su héroe (que suele ser patético) para advertirnos que si no cambiamos nuestro deplorable comportamiento la tierra se abrirá bajo nuestros pies y el infierno nos tragará. Su contraparte juvenil opta por la vía del optimismo (no suena muy sensato machacar las esperanzas de un adolescente, ¿verdad qué no?) y se centra en la percepción que tenemos del estado actual de las cosas, en la actitud del adolescente que debe adaptarse a un mundo que hereda en decadencia y con la perspectiva de un futuro negro: jerarquías, crisis, desempleo, etc. Su mensaje es que tal vez el apocalipsis no sea tan terrible si desde las cenizas puede resurgir el fuego del cambio.

Próxima entrada: Bakuman, la metaficción también llega al manga. Revisión de esta curiosa serie que narra como pocas obras el proceso creativo y las alegrías y penas de escritores y dibujantes.

domingo, 14 de julio de 2013

Elektra Assassin. La revolución del cómic.

Elektra Asesina es una mini serie de ocho episodios de Marvel publicada en 1987, creada por Frank Miller (guión) y Bill Sienkiewicz (dibujo). Elektra apareció en el universo Marvel de la mano del propio Miller, que la creó cuando trabajaba en Daredevil. Y en ningún otro cómic ha alcanzado la gloria como personaje que consigue aquí.

La historia recrea en cierto modo las elecciones de 1984, en las que un envejecido Ronald Reagan defendía la presidencia. Detrás de la intriga política que plantea la trama encontramos el verdadero tema de Elektra Asesina: la guerra generacional. El enfrentamiento entre la decrepitud republicana y la juventud liberal y demócrata. Y también el choque entre la tradición del cómic americano y la fuerza arrolladora de autores innovadores. La vejez, decrépita en efecto, y la juventud depositaria del mal (el villano es el joven candidato demócrata) se anulan la una a la otra. Así pues, la tesis de los autores aquí es que no son las generaciones ni las personas el problema: el enemigo es el sistema (político y del cómic), al que hay que combatir sin cuartel.
El triunfo de Elektra es la revolución, impulsada también por otras obras como El Regreso del Caballero Oscuro del propio Miller o el archiconocido Watchmen de Alan Moore. ¿Y qué es lo que cambia a partir de entonces? Primero que nada a nivel culturar es el inicio del “fenómeno freak”, tras el estreno en los años 70 de Star Wars, Indiana Jones, etc. Esta nueva coyuntura aumentó la demanda y permitió a los fabricantes de cómic pasar de la distribución en quioscos a las librerías especializadas. También propició un cambio en los formatos. Se pudo aumentar la calidad del papel y el dibujo porque era posible vender más caro. Los cómics se convierten en un objeto valioso, no un tebeo de leer y tirar.
El mayor avance sin duda se encuentra en los propios autores y la forma de trabajar. El cómic antes de este punto crítico funcionaba como una cadena de montaje que implicaba a un gran número de personas (tanto escritores como dibujantes). Los dúos hasta entonces eran poco habituales, pero acabarían convirtiéndose en el ideal a seguir. Esto es algo que el manga japonés llevaba haciendo mucho más tiempo y que espero que algún día tomen nota las series de televisión si quieren dar el salto al siguiente nivel: un solo autor (o un grupo muy reducido) con todo el control de la obra tiene muchas más probabilidades de conseguir un producto de alta calidad que un equipo que trabaja en relevo. Este poder les permite explotar sus ideas, romper con lo ortodoxo. Así el cómic trasciende, eleva sus pretensiones artísticas y nace el término novela gráfica. Algo sin duda polémico sobre lo que hablaré en un futuro no muy lejano.


¿Y qué hace especial a Elektra Asesina en comparación con las otras dos obras citadas? La respuesta es: Bill Sienkiewicz. Llega a extremos donde Gibbons (dibujante de Watchmen) y Miller (que escribió y dibujó El Regreso del Caballero Oscuro) no se atrevieron. Desde su entrada en la industria brillo por su virtuosismo y sus recursos técnicos. Elektra es su Capilla Sixtina, aquí su ruptura con las formas visuales tradicionales del comic es total, hasta el punto en que la mayoría de paneles parecen pequeños cuadros con elementos que van desde el romanticismo más clásico, pasando por el expresionismo hasta llegar al pop art más descarado. Este arte tan caótico genera una estructura narrativa más compleja que otros trabajos de Miller en solitario. Sin duda el estilo de su compañero le influyó a la hora de planear la narración. Y es precisamente la unión de sus dos talentos lo que convierte a Elektra Asesina en una obra maestra.

Próximamente: 1984. Universos distópicos y denuncia social en la literatura.